SALUDOS MIS QUERIDOS STEEMIANS
EL General Gómez, mejor conocido como el benemérito nació en Táchira 24 de Julio de 1857, llego a la presidencia en el año de 1908 hasta su muerte en 1935. Juan Vicente Gómez tuvo un Hermano, llamado Juan Crisóstomo Gómez, mejor conocido como Juancho Gómez, el cual se desempeñó como Vice-presidente de Venezuela y como Gobernador de Caracas.
El Venerable, Doctor José Gregorio Hernández Cisneros nace en Trujillo, en un pueblito llamado Isnotú, el 26 de octubre de 1864 y muere el 29 de junio de 1919, medico, científico, profesor y Filántropo de profunda vocación católica, en sus momentos de juventud quiso ser sacerdote, pero por problemas de salud no fue admitido en las sagradas ordenes, termino siendo fraile terciario Franciscano de los hermanos Menores.
Juancho Gómez, fue atendido por todos los medico más afamados del país, pero ninguno llego a dar con la enfermedad que mermaba la salud del hermano del benemérito, lo cual hizo que el mismísimo Presidente de Venezuela fuese a visitar a su hermano, pues creía que sería la última vez que lo vería con vida.
A la Llegada de Gómez a Caracas alguien exclamo, en la habitación del Moribundo Juancho:
-¡Se Muere Juancho Gómez! ¿Por qué no han buscado al doctor Hernández para que lo salve?
- Respondió el Benemérito: "¡Carajo pues y que esperan para buscarlo!"
-Mi General, el Doctor Hernández no se encuentra, esta fuera.
-¡Carajo no me importa que le encuentren!
Lo cual no fue necesario, ya que el Doctor Hernández había llegado a Caracas, enseguida el Benemérito, ordena a su hombre de confianza, al General Pimentel que localizara a ese mentado doctor y que viniera inmediatamente, porque su hermano se moría. En seguida el General Pimentel Busca al Doctor José Gregorio Hernández y se sorprende al ver tal escenario, Pues el Doctor Hernández está en su consulta del medio día, dedicada a los pobres, Pimentel toca a la puerta y le dice:
-"Doctor, el General Juan Vicente Gómez le necesita".
El Doctor respondió:
-"Lo siento, pero ahora no puedo, contestó consultando su reloj, aun cuarto para las cuatro termino. No puedo dejar mi consulta de los pobres".
El General Pimentel solo observo por toda la sala de espera, llena de viejecitas rugosas y pobres enfermos, era algo pintoresco y exclamo ¡"Que vaina pa’ buena como hago para contárselo al General Gómez"!.Pimentel Toco Nuevamente la puerta y le dijo:
-"Es que es urgente, Doctor".
El Doctor Hernández Respondió:
-Pues ¿qué pasa?
-"Juancho Gómez, se está muriendo"…
-¡Ah!, eso es otra cosa…
No hizo falta decirle más, enseguida se puso de pie busco su botiquín y fue a su auxilio, pues había que salvar una vida sin importa si era el hermano del Benemérito o la vida del viejito más menesteroso de la ciudad. Al salir de su consultorio pidió disculpas diciendo "¡tengo un paciente grave que debo asistir!"
A la fuerza y por dicha urgencia el General Pimentel lo monto en su vehículo, pues creía que no llegaría a tiempo para salvar la vida de Juacho Gómez hermano del benemérito, pero para la sorpresa de todos al poco tiempo transcurrido ya estaba nuevamente en su consulta con los pobres.
Vio a Juancho Gómez lo receto y enseguida mejoro, el benemérito le dijo:
-¡Usted resucitó a Juancho, Carajo doctor!
El Doctor Hernández respondio:
-Sólo Dios resucita, mi General
El General Gómez no sabía cómo agradecerle aquella curación al Doctor José Gregorio. Para otro fuera sido el momento oportuno para llenarse de fama, dinero y todo el poder que le diera la gana, pues el benemérito se sentía eufórico por el milagro que le habían realizado para su hermano, Pero José Gregorio dejo pasar todo por debajo de la meza sin importarle más que la salud de sus pacientes.
El benemérito llamó a Pimentel y lo mandó a casa del Doctor Hernández a pagarle los honorarios extraordinarios por la enfermedad de Juancho, lo que él pidiera que todo se lo tenia merecido, a la llegada de Pimentel a la casa del Doctor Hernández, Pimentel le dijo: "mi General Gómez le manda a decir que pida lo que usted quiera".
José Gregorio le contesto:
-"Mis visitas las cobro solamente a cinco bolívares, mi General"
Pimentel desconcertado pregunto:
-¿Cómo?
-¡Sí. Tres visitas, quince bolívares!
Pimentel, no entendía porque aquel hombre tomaba esa actitud, pues tenía la oportunidad de pedir lo que quisiera, por lo tanto pregunto: ¿seguro que nada más Doctor?
-Nada más, quince bolívares, mi General.
El General Pimentel sacó un billete de veinte bolívares y se lo entrego al Doctor. Él tranquilamente, le devolvió cinco bolívares y se despidió afectuosamente, lo mismo como que si despidiera de sus pobres de la consulta.
Dijo Pimentel:
-"Siempre he querido mucho al Doctor Hernández, pero es la única vez que me ha dado rabia contra él"
Jamás José Gregorio utilizó a sus amistades para beneficio propio, a sus conocidos siempre los miró y los trató profesionalmente de igual forma; pudiendo ser estos ricos o pobres nunca los discriminó, ni los utilizó, o los manipuló, su atención para con ellos siempre fue la misma, ya que en cada uno de ellos veía reflejado el rostro de Cristo
Fuente