Muy buenas, como ya he comentado en alguna ocasión, tanto mi hermana como yo estamos publicando algunos poemas de nuestro padre. Él no es muy dado a las tecnologías, no tiene internet ni ordenador y su teléfono móvil es como los de antes, nada de conexión por datos. Cuando le hablamos de Steemit se animó a publicar sus poemas a través nuestra en esta plataforma. Tanto mi hermana como yo le haremos llegar vuestras impresiones y comentarios.
Veamos primero el poema para, después, continuar con su análisis y mi reflexión:
El adulto
Cuánto añoro yo los días,
los días de mi niñez.
En sucesos transcurrían,
sucesos de sencillez.
Ahora que soy adulto
quisiera allí regresar,
por no tener el disgusto
que sufro en mi caminar.
AUTOR: Pedro Flores Navarro.
Tenemos un pequeño y sencillo poema compuesto por dos cuartetas, versos de arte menor (octosílabos) con rima abab en la primera y cdcd en la segunda. De rima consonante, este poema nos presenta de una forma entendible y bella una emoción principal que gira en torno a un tan recurrido tema como puede ser la niñez. Y la nostalgia hacia ello.
Todo adulto ha sido niño previamente, lo normal es que guardemos un bonito recuerdo de cuando fuimos niños. Y este adulto del poema es uno más, recuerda tiempos pasados con añoranza, cuando crecía despreocupado de las complicaciones de la vida de alguien “mayor”. Lo echa de menos, quisiera escapar de sus preocupaciones y dificultades, responsabilidades y cargas de su avanzada vida. La nostalgia recorre así el escrito de principio a fin, en un imposible volver atrás.
Ser niño es algo especial, algo diferente, genuino. Algo que, cuando queremos reconocerlo y darnos cuenta para poder disfrutarlo, exprimirlo, ya ha pasado. Cuando por fin somos hombres o mujeres “hechos y derechos” y queremos saborear esa inocencia un poco más, ésta se ha ido como en un chasquido de dedos, en lo que dura su sonido. Y se acabó, a otra cosa. Al final nos quedan recuerdos amables de aquella época, recuerdos que evocamos con cariño, llenos de buenos momentos. Y, ¿qué podemos hacer? Nada en realidad… o, ¿sí?
Por mucho que crezcamos, por mucho que maduremos, aunque nuestro pelo se vaya, casi sin avisar, llenando de canas, siempre podremos tomar una actitud, un tono de vida, “más niño”. No dejemos morir nunca a ese niño que fuimos, por mucho que nos disguste algo, que nos enfade, guardemos siempre esa mirada amable e inocente que una vez tuvimos. Esa que en verdad siempre hemos tenido y que, si queremos, siempre podremos tener.
Todos fuimos niños un día y, de algún modo, volveremos a serlo en la vejez. Si nuestro cuerpo marchita, siempre podremos educar a nuestra mente, educarla a ser niña y hacerlo para que florezca una vez más, y otra, y otra, y otra vez…
Otros poemas de mi padre son: