Se sabe que la apariencia física influye en la percepción y la formación de concepto de una persona, esto queda claramente demostrado a través del denominado “Efecto halo” el cual sugiere que mientras mayor número de atributos positivos se perciban en una persona a través de su apariencia física, esta será igualmente proporcional a la cantidad de cualidades y características positivas que se le asignen. De acuerdo con Edward Thorndike (1920) el efecto halo “Consiste en la realización de una generalización errónea a partir de una sola característica o cualidad de un objeto o de una persona.”
A través de la historia, el cuerpo ha sido abordado desde distintas perspectivas. Entre éstas, es posible mencionar el género, la regulación, la producción y la reproducción social; así como visiones médico-científicas y religiosas. Turner (1996) establece que históricamente el símbolo más potente del mundo profano ha sido el cuerpo humano.
El cuerpo es creado a partir de imágenes que se despliegan a través de las redes de comunicación, controlando las prácticas corporales y su relación con las demás corporeidades (Piña Mendoza, 2004).
Partiendo de esto, debemos reconocer la concepción del cuerpo desde una perspectiva de producción social, lo que implica a su vez la visión del cuerpo como medio de reproducción.
La necesidad del hombre por significarse a través de elementos que conforman los cuerpos se ha dado a través del tiempo mediante diversas formas de comprender lo estético, concediéndole una serie de construcciones ideológicas de lo que es y debe ser la imagen corporal. La construcción de lo ideológico manifestada en la estética emerge de lo que la misma sociedad trasmite y reproduce como "necesidades" ya que el hombre va modelando una imagen corporal como resultado de las expectativas que se tienen sobre él, o mejor dicho sobre su cuerpo.


Por lo que presentación y representación corporal es producto del entorno social en que se ubica y dependiente de los elementos culturales particulares para ser nombrado en el plano de lo estético. Consecuentemente la presentación y representación de prácticas estéticas se diferencian, complementan y cobran importancia dependiendo de los elementos culturales que intervienen en su desarrollo, así como las formas que adquieren dentro del grupo social en el cual se dan.
En este sentido, vemos como se le da mayor importancia a la apariencia física en la sociedad actual, sobre todo por los jóvenes quienes siguiendo modas y patrones de conducta se dejan influenciar por los medios de comunicación y campañas que aseguran un “modelo ideal” en relación al peso, color de piel y contextura física y aunque muchos han sido los cambios que han surgido en el último siglo con los estereotipos de belleza es inherente afirmar que se ha convertido incluso en una problemática, relacionándose con patologías como Dismorfia corporal, anorexia, bulimia y obesidad.
La dismorfia muscular o vigorexia es un trastorno mental en el que la persona se obsesiona por su estado físico hasta niveles patológicos. Estas personas tienen una visión distorsionada de ellos mismos y se ven débiles y enclenques. Por este motivo, el trastorno incide directamente sobre su conducta alimentaria y sus hábitos de vida, y se caracteriza por realizar una actividad física extrema, abandonando las relaciones sociales y descuidando otros aspectos de su vida, para dedicar todo su tiempo a entrenar. La adicción al ejercicio se acompaña de una ingesta exagerada de proteínas y carbohidratos y el consumo abusivo de sustancias como esteroides anabolizantes, con el fin de aumentar la masa muscular y conseguir un cuerpo musculoso. Este trastorno también se conoce como complejo de Adonis o anorexia invertida.
La vigorexia al igual que otros trastornos como la anorexia, bulimia y obesidad están relacionados con problemas fisiológicos y emocionales, además de una deformación de su imagen personal y la insatisfacción con su cuerpo. Baja autoestima, convulsiones, mareos, dolores de cabeza y taquicardias suelen ser los síntomas más frecuentes de este desorden y la muerte su más grave consecuencia.
La sociedad se ha convertido en un medio de consumo masivo por parte de los medios de comunicación, el dominio de los valores de la moda y nuevas tendencias, la fragmentacion del cuerpo entre la tecnología y la materia, el individualismo, el narcisismo, lo efímero y trivial donde el individuo para evitar el rechazo y asemejarse a la imagen proyectada tiende a perder su propia identidad solo por encajar con la imagen propuesta socialmente. Consumimos imágenes de los objetos, consumimos una imagen corporal propuesta que poco a poco nos aleja más del cuerpo real, de nuestro cuerpo como materia, de un cuerpo verdaderamente carnal. El cuerpo se vuelve híbrido, mutable y descartable. Tener una mirada sobre nosotros mismos, nuestras perspectivas acerca de nuestros cuerpos, de los estereotipos, ideologías y sueños que nos guían; pensar de un modo crítico en las imágenes corporales que presenta el mundo mediático, las nuevas rutinas corporales y prácticas médicas de embellecimiento, la moda y nuevas tendencias nos permite darnos cuenta de los procesos modernos a los que el cuerpo se ve expuesto.
Somos más que huesos y piel, más que medidas y tallas, más que marcas y cicatrices, somos más que nuestro físico, somos más que simple apariencia. Ama tu cuerpo, ama tu piel, ama tu alma, abrázate, cuídate, mímate pero sobre todo amate por quien eres.