Desde hace mucho tiempo, Guillermo del Toro nos viene demostrando su ingenio y talento para contar historias emotivas a raíz de géneros como el fantástico o el terror, apoyándose en visuales despampanantes en cada escena; y como prueba de ello están El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo, Cronos y hasta La "cursi" Forma del Agua. Antes de ésta última le tocó probar suerte en el 2015 con La Cumbre Escarlata, que pasó sin pena ni gloria por la taquilla y a la que no se le ha brindado mucha relevancia desde entonces. Pero resulta ser una película con mucho valor cinematográfico y que puede ser considerada infravalorada.
La historia se desarrolla en el siglo XIX, donde una joven aspirante a escritora con interés y experiencias con los fantasmas se enamora de un hombre adinerado con grandes aspiraciones empresariales, económicas e inventivas. Pero a ella le tocará descubrir una truculenta verdad su relación y la hermana de su pareja. Con este planteamiento se nos presenta una película que si bien tiene nexos con lo sobrenatural, no lo toma como la razón de ser de la historia; sino que lo utiliza como recurso para el desarrollo de la misma y del personaje principal, tal como lo habríamos visto en películas de Del Toro como El Espinazo del Diablo.
En cuanto a lo que vemos en La Cumbre Escarlata, es notorio que Guillermo del Toro se dejó la salud en todo lo referente a escenografía, vestuario, fotografía, efectos especiales, etc; mostrándonos una gran gama de colores en cada toma y que ayudan a contar una historia de amor muy a la antigua con momentos de suspenso donde se mezclan naturalmente las emociones cálidas y el miedo o desconcierto. Con respecto a los actores, el grupo principal compuesto por Mia Wasikowska, Tom Hiddelston y Jessica Chastain deslumbra, dando la talla cada uno con su respectivo personaje, marcando cada uno su carácter y teniendo su propio lugar dentro de la película.
Podemos recordar que para el momento que se estrenó la película, se promocionaba y vendía como una cinta de terror puro, más apegada a lo convencional, pero cuando llegó a los cines fue todo menos eso para los espectadores. Posiblemente esta mala estrategia de marketing fue la que sepultó en recaudación a La Cumbre Escarlata y la volvió uno de los mayores fracasos económicos de ese año. Sin embargo, a pesar de la confusión que haya causado en su momento de estreno, vale la pena verla, pues presenta una historia en la que fluyen fácilmente el amor, la madurez, la ambición, lo paranormal y el gore.