No hay placer
en ver crecer
la azalea Ana María,
sin ver tu lindo rostro
alegrarme el día.
Ayer traías vestido rojo
mientras rosabas con los dedos
la flor de la bugambilia.
Hoy aún mi corazón palpita
pues pase la noche viendo
tu cara tan bonita...
Tanto que mi rostro
no sale de su asombro.