Hace mucho tiempo ya, nací en una zona rural de este, mi querido país, Venezuela. El menor de doce hermanos (no, no es un error, doce), mi padre un pequeño agricultor, mi madre ama de casa, allí transcurrió mi niñez, sin contar con las comodidades de las ciudades, pero con una vida muy sana, no se conocía la delincuencia, con sus pocos ingresos, mi padre logró alimentar y educar a doce muchachos, no existía inflación, cualquier visita que llegara de repente, sin importar cuantas personas fueran, no se podían retirar sin antes comer y tomarse su respectiva tacita de café, en los patios de cada casa no faltaban los pollos, las verduras y frutas, aunque no me crean los pescadores regalaban las sardinas, no había escases.
Por ser una zona rural con ríos y montañas el medio ambiente era cuidado por la guardia nacional, eran autoridades muy respetadas, claro, el honor era su divisa. Recuerdo a los vecinos, bromeando sobre sus preferencias políticas, no era tema para enfrentamientos.
Muchacho aún, llegue a mi amada Caracas, capital de mi querido país, dispuesto a cumplir mis objetivos. Ante mí se hallaba aquella hermosa y gran ciudad con los brazos abiertos, llena de oportunidades, la capital saudita de América, la moda de esos tiempos, era ir de compras a Miami y comprar todo por cantidad, total, el dólar era barato. Los objetivos mínimos de un joven eran: estudiar, trabajar un par de años, comprar su primer carro, trabajar unos años más, comprar su casa, formar su familia, educar a los hijos, fácil ,nunca ha sido, pero si era posible en un país, con la expectativa de desarrollo más grande de América Latina.
Por motivos de trabajo, viajé a una preciosa isla del Caribe, donde el Venezolano era muy conocido por su poder adquisitivo y fue allí, donde por primera vez, vi gente pasar necesidades, una desigualdad social enorme, salarios muy bajos, gente haciendo colas para comprar comida, malos servicios públicos, no entendía como la gente podía vivir así, y le di gracias a Dios por haber bendecido a mi país con tantas riquezas.
¿Qué pasó Venezuela? Hoy, que deberías ser la Dubái de América, en cambio te miro azotada por todos los males que pueda padecer una sociedad, familias desintegradas por una obligada migración, enfrentamiento político, corrupción, miseria, inseguridad, escases, inflación y el que jamás pensé que llegaría a mi país: el hambre. Todos estos males elevados a su máxima expresión, hasta aparecieron nuevos protagonistas: el Pran, el Bachaquero, el Enchufado y otros.
En estos momentos, no importan las causas, ya se ocuparán los grandes estudiosos de economía y política en el mundo, de comparar a Dubái con Venezuela para explicar lo que se debe o no hacer con la administración de los recursos de una nación, ahora es urgente, encontrar una salida, le pido a los dirigentes políticos de ambos bandos, en sus manos está el destino de este país, basta de sus apetencias personales por el poder, ya han hecho mucho daño, este también es su país, muéstrenle un poquito de amor.
Mientras tanto nosotros, hagamos lo que hace cualquier familia frente a una tragedia, unión y solidaridad.