El arte no imita.
Con la descomposición de las formas en volúmenes geométricos, el cubismo había sentado las bases de la abstracción. En las dos primeras décadas del siglo XX, algunos artistas rechazaron definitivamente la representación de la realidad tal como la vemos y comenzaron a concebir la obra de arte como una entidad autónoma, que se fundamenta exclusivamente en los propios elementos formales que la configuran: líneas, colores, materias y texturas. Este avance decidido hacia la abstracción tuvo lugar en tres centros diferentes de Europa: Alemnia, con Kandinsky; Holanda, con Mondrian, y Rusia, con Malevich.

Kandinsky pinta la música.
En 1911, un grupo de artistas fundó en Munich el movimiento “El Jinete Azul”, a la cabeza del cual se encontraba el pintor ruso Wassily Kandinsky (1866-1944). Este, al igual que otros miembros del grupo, manifestó una especial sensibilidad hacia las impresiones ópticas, el color y la música. Kandinsky plasmó con gran libertad creativa todas las sensaciones que le transmitía la realidad, transformándolas en formas de color. En 1910 renunció a representar la realidad t como la vemos, inventando así el lenguaje visual abstracto. Para Kindinsky el arte es una vía de acceso a lo espiritual, un camino que permite trascender la realidad e intuir un mundo posterior.

Paul Klee.
Paul Klee (1879-1940), pintor suizo vinculado a “El Jinete Azul”, también desempeñó un papel primordial en la abstracción pictórica. Su investigación se centró en lo esencial de los objetos: estudió sus estructuras secretas, así como aquelos aspectos de la naturaleza que no habían sido utilizados en la pintura. Su profundo conocimiento de la música le sirvió de continua inspiración en su búsqueda de las leyes y los ritmos que rigen la vida. De hecho, intentó buscar escalas cromáticas para su estilo favorito de música: el contrapunteo del siglo XVIII.

El imperio del rectángulo.
Mientras que Kandinsky, el color se ordena libremente a impulsos de la inspiración, otras corrientes artísticas buscan relaciones matemáticas entre las formas coloreadas. Esta es la preocupación esencial del movimiento denominado De Stijl (“El Estilo”), cuyo nombre proviene del título de una revista publicada por un grupo de artistas holandeses en 1917. De Stijl planteaba una simplificación de la pintura basada en dos elementos geométricos fundamentales, la línea y el rectángulo, el empleo de los colores primarios, el blanco y el negro. Su principal representante fue el holandés Piet Mondrian (1872-1944), creador de este nuevo lenguaje pictórico al que bautizó con el nombre de Neoplasticismo. Su trabajo influyó en gran medida a la Bauhaus.

El universo de Mondrian.
El lenguaje pictórico del pintor holandés Pit Mondrian, denominado Neoplasticismo, se basa en una estructura de líneas negras y zonas cuadradas o rectangulares, pintadas de blanco, rojo, amarillo o azul. Con esa estructura racional, Mondrian trataba de dar forma a su concepción mística del universo. Las líneas verticales representan la vitalidad, y las horizontales, el reposo. Ambas fuerzas combinadas constituyen la vida y la muerte. El simbolismo se da también en los tonos: el blanco sugiere el día y la vida, mientras que el negro evoca claramente la noche y la muerte.

El suprematismo.
En Rusia el lenguaje pictórico de la abstracción se reduce a su más pura esencia. En 1915, el pintor Kasimir Malevich (1818-1935) tuvo la osadía de exponer un simple cuadrado negro sobre fondo blanco. Así nacería el Suprematismo, corriente artística que elimina completamente el tema y convierte el arte en una investigación racional del color y de la forma, en la que las ideas tras objeto son más importantes. Se trata de formas geométricas simples (líneas rectas, cuadrados, círculos, etc.) y colores básicos que se van depurando al blanco y el negro. En su última etapa, el Suprematismo llegó a prescindir del color, por ejemplo buscando influir en la emoción del espectador.

