La llegada al poder de Hitler en Alemania, la Guerra Civil española y el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial obligó a muchos intelectuales y artistas a emigrar a Estados Unidos desde principios de los años treinta. Nueva York tomó entonces el relevo de París, convirtiéndose en la capital artística occidental. De este modo se prolonga la renovación formal emprendida a principios de siglo pero llevada hasta el límite: el arte ya no admitirá esquemas o limitaciones y la comunicación artística, mediante el empleo de variados recursos expresivos, se extiende a infinidad de ámbitos.
A lo largo de los años cuarenta y cincuenta se gesta en Estados Unidos un estilo que se conoce como expresionismo abstracto. Los artistas convierten la obra en reflejo espontáneo de sus pulsiones internas, pero sirviéndose exclusivamente del material pictórico. Por ejemplo, el pigmento se distribuye en lienzos de grandes dimensiones mediante chorretones, gruesos empastes e, incluso, directamente con las manos. Jackson Pollock (1912-1956) y Willem de Kooning (1904-1997) son los más destacados representantes de la abstracción pura. Paralelamente, ciertos pintores europeos expresa el desasosiego y la angustia de la recién concluida la Segunda Guerra Mundial, a través de un movimiento artístico de cariz similar: el Informalismo.
Dentro del expresionismo abstracto se distinguen varias tendencias. Una de las más notables es la “color-fiel painting” o pintura de campos de color. Consiste en rellenar áreas de color que parecen expandirse más allá de los límites del cuadro, produciendo cierto efecto de infinitud. Entre los artistas que emplearon con mayor profusión esta técnica destacan Clifford Still (1904-1980), Barnett Newman (1905-1970) y Mark Rothko (1903-1970). Este último evolucionó desde el Surrealismo (patente en obras como “Escena bautismal”) hasta la abstracción. Otro movimiento abstracto es el Informalismo, que apareció en Europa al final de la Segunda Guerra Mundial. En el Informalismo, los materiales (empastes formados con arena, vidrios rotos, trozos de madera, como principal fuente creativa: los artistas informalistas descartaron toda reflexión durante ele proceso creativo, exaltando la intervención del azar y de la improvisación. Los más destacados fueron los franceses Jean Dubuffet (1901-1985), Henri Michaux (1899-1984) y Hans Hartung (1904-1989), junto con los italianos Alberto Burri (1915-1991) y Lucio Fontana (1899-1968).
Como reacción al expresionismo abstracto, tan alejado de la realidad cotidiana, surgió a mediados de los años cincuenta el “pop art” (abreviatura a arte popular). Los artistas estadounidenses incorporaron a la creación artística de imágenes de la sociedad de consumo y de los medios de comunicación de masas: botellas de refrescos, etiquetas comerciales, carteles publicitarios, viñetas de cómics, etc. Entre ellos sobresalen Andy Warhol (1928-1987) y Roy Lichtenstein (1923-1997). En pleno apogeo del arte pop, a mediados de los años sesenta, se desarrollaron tendencias alternativas como el happening, el arte povera y la nueva abstracción, que influyeron otras disciplinas, como la música y la literatura. El arte povera. El arte povera (expresión italiana que significa “arte pobre”) pretendía reactivar el arte europeo utilizando materiales humildes muy variopintos, incluidos los orgánicos y carentes de valor: se emplean madera, trapos, plástico, papel reciclable, etc. Que representan la cotidianidad y que son agrupados por el artista en composiciones a las que otorga un valor determinado. El italiano Mario Merz (1925) y el griego Kounellis (1936) son los artistas más representativos.
Entre las tendencias artísticas más significativas de los años sesenta y setenta destacan el arte conceptual y el minimalismo. El arte conceptual implicó una revisión total del proceso creativo: se concede mayor importancia al concepto, es decir, a la idea que sustenta la obra, que a su realización artística. Para presentar esa idea los artistas se valieron de métodos inusuales y diversos: videos, fotografías, documentos escritos, grabaciones… Los juegos lingüísticos y el “Land art” fueron sus manifestaciones más características. El minimalismo o “minimal art”, centrando en la escultura, se basaba en la simplicidad, la abstracción total, el máximo orden y el alto grado de acabado. Los minimalistas empleas formas elementales (cubos, pirámides, esferas) que presenta enn sistemas de series o variaciones. Su objetivo es dinamizar el espacio con un determinado número de volúmenes que pueden aumentar y adaptarse en función del lugar donde se exhiban. Las esculturas de Donald Judd (1928), por ejemplo, consistían en una serie de cortas y gruesas cajas de hierro colocadas a intervalos regulares a lo largo de una pared, formando una línea vertical. Para él lo esencial era únicamente el orden. Dan Flavin (1933), en cambio, prefirió investigar los efectos de la luz sobre el espacio. Sus esculturas consistían en tubos de neón colocados verticalmente en la pared.
La década de los ochenta marca el comienzo de un período conocido como la postmodernidad, que se caracteriza por el eclecticismo de las tendencias, esto es, los artistas combinan diferentes elementos del arte del pasado sin identificarse como ninguno en concreto. A partir de entonces ya nada sorprende y cualquier audacia es absorbida y asimilada por los medios de comunicación. Los movimientos artísticos definidos son sustituidos por tendencias de moda tan variables como diversas. Tan solo alcanzaron relevancia la transguardiana italiana, cuyos artistas utilizaban todo tipo de técnicas, y los neoexpresionistas alemanes, conocidos como los nuevos salvajes.