¡Hola steemianos! Como todos los Jueves, les comparto el nuevo capítulo de "Epifanía", la primera entrega de La Danza De Los Mundos, de la cual, como les había mencionado, se trata de una historia coral, por lo que los capítulos serán narrados desde diferentes puntos de vistas (POVs), por eso hoy les presento el primer capítulo de Gill, el que al igual que Lucille, se trata de uno de los personajes principales de la historia. Sin más preámbulos, ¡Conozcan a este intrigante personaje!
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En el rigor de la cotidianidad y la rutina, nos encontrábamos a punto de cenar, Patty servía los suculentos platillos en nuestro comedor y colocaba sus nuevos manteles de colores limón, la casa se encontraba impregnada por el olor de la apetitosa lasaña que nos había preparado. Mientras degustábamos nuestra cena, charlábamos acerca de la vacante de Chris en el ejercito, cuando cumpliese su mayoría de edad, ya podría alistarse para ejercer su deber en la armada estadounidense, mi hijo pronto defendería a nuestro país, yo no podía caber del júbilo. Al cabo de unos minutos de interesante conversa, el placentero momento se vio perturbado por un estremecedor movimiento telúrico que sacudió nuestra cocina, luego se escucharon una serie de estruendosos ruidos que nos ensordecieron casi por completo, mi intuición obtenida por los largos años de servicio, no podía fallar, —no puedo ignorar esos sonidos —pensé. —Tenemos que bajar —les dije a mi esposa e hijo mientras arqueaba la ceja. —¿Qué es lo que ocurre? Ese espantoso ruido me aterra. —No sé Patty, pero tenemos que ir al refugio. Rápidamente, corrimos hacia el bunker que teníamos en el sótano, decidimos refugiarnos al ver como los cimientos de nuestro hogar se despegaban del suelo y el techo comenzaba a sobrevolar el firmamento, estaban siendo atraídos por una extraña fuerza, —¿Qué clase de anomalía es ésta? —pensé mientras bajábamos al subterráneo. A pesar de que las paredes blindadas eran de un grosor de diez centímetros, el fuerte ruido seguía torturando nuestros tímpanos. Por suerte, teníamos comida y agua para varios meses, después de éso, nos tocaría bregar para encontrar suplementos. Sabía que no podía quedarme escondido junto a mi familia, necesitaba hacer algo. Al paso de tres noches sin dormir, los sonidos cesaron y por ello me dispuse a salir del bunker para visualizar el panorama de lo ocurrido. —Tengo que salir a investigar qué es lo que ha pasado. —No tienes que arriesgarte de esa forma, ¡No cometas una estupidez! Los valientes siempre terminan en el cementerio, ¡No permitiré que mi esposo se una a esa larga lista de idiotas! Aún nos queda mucha agua y comida, por favor no nos dejes solos, ¡Prométemelo Gill! —replicó mi esposa angustiada y exasperada. —¡Tranquilízate mujer! Este es mi deber, mi experiencia militar me facilitará las cosas afuera, en cambio ustedes si tienen que prometerme que, pase lo que pase, no saldrán de aquí hasta que yo regrese con noticias —respondí con un tono autoritario, pues no podía permitir que les pasara algo. Patty no parecía muy convencida por mis palabras, mi hijo mucho menos. —Perdona Papá, pero no puedes salir solo, yo iré contigo, también es mi deber, recuerda que pronto tendré que defender a esta nación —vociferó con valentía mi hijo. —No te equivoques, todavía sigues siendo un crio de 17 años, así que no permitiré que arriesgues tu vida adentrándote hacia lo desconocido, eso recae en mí. Tu verdadero deber es cuidar a tu madre de todo peligro. Mientras no me encuentre aquí, serás el cabecilla de este bunker que se ha convertido en nuestro hogar —le repliqué mientras fruncía el ceño. —Está bien Papá, cumpliré con mi deber —asintió. Mientras subía las interminables escaleras del subterráneo, me puse a recordar los horrores de la guerra, la sensación de miedo era inevitable, pero tenía que abrir la puertilla. Al salir, en cuestión de un santiamén, pude visionar un escenario completamente digno de una hecatombe. Destrucción y desolación fueron las únicas cosas que logré divisar en las afueras, el férreo olor de la sangre y el de la carne en estado de putrefacción, todo lo que pude oler. La espesura se encontraba ennegrecida por la devastación que habían dejado a su paso, el clima era terrible, nublado y gris, el suelo, estaba teñido, casi en su totalidad, de un rojo intenso, pero no se podían avistar cadáveres ni escombros ni registro alguno de la masacre perpetuada. Recuerdo perfectamente el pavimento desgastado por el que cruzaba todos los días con el coche de la familia, el espeso bosque de pinos que rodeaba nuestro pueblo, el río que pasaba por el mismo, las grandes montañas puntiagudas que se asomaban en el norte, la diversidad de flora y fauna que coexistía en estas tierras, todo eso parece haberse desintegrado por completo, —¿Qué clase de desastre natural pudo haber ocasionado toda esta catástrofe? No creo que se trate de un fenómeno natural, por otro lado, si hubiese sido un armamento nuclear, de seguro ya estuviese muerto debido a la inmensa radioactividad. —pensé. Al parecer las descripciones de aquel lunático conspiranoico estaban cumpliéndose, y pensar que en ese entonces, lo tomamos como una broma, pero hoy, ya no me quedaban dudas, todo ésto tenía que tratarse de algo que me superaba. Caminaba con extenuación y con la respiración entrecortada, en medio de ese ambiente desértico y fantasmal, buscando algún signo de vida, pero todo indicaba que no encontraría nada. Debido a la desesperación, me dispuse a visionar el horizonte completamente asolado, —tal parece que estamos completamente solos —le murmuré al grisáceo desierto. Al recorrer unos metros más, observé en la lejanía algo que revoloteaba en medio de la tierra muerta y disecada, me emocioné al pensar que era un ser vivo, pero al acercarme, me percaté de que se trataba de un espécimen que nunca había visto, el animal era de una contextura alargada, estaba cubierto por unas escamas trasparentes que permitían visualizar sus órganos, los cuales resplandecían con luces fluorescentes, de su boca sobresalían unos tentáculos y sus ojos eran de color violeta, —parecía algo fuera de este mundo —pensé mientras contemplaba su cautivante extrañeza. Fui testigo de cómo su vida se extinguía lentamente. En cuestión de unos segundos, el animal dejó de luchar contra la muerte. |
Si desean leer los anteriores capítulos de la historia que escribo junto a mi co-autor @sneikder y con la ayuda de mi colaborador @mervin-gil, aquí les dejo los enlaces: