Mis ojos están cerrados.
Estoy cayendo en un pozo profundo del que nadie me puede salvar. Un agujero que posee afinidad con la tan querida Alicia, pero a mí me lleva a una pesadilla peor que “el país de las maravillas”. Sigo cayendo y la lava roe el fondo del agujero. La luz se hace incandescente y no para de iluminar. No es luz, es fuego. El volcán comienza su erupción y yo me revuelvo en la cama.
Mi nombre no tiene importancia, yo soy nadie, aunque también soy el todo. La lava sube y baja, el volcán es mi sistema digestivo. El hambre es mi mejor amiga y el ardor palpitante y perenne una ex molesta. Doy vueltas en mi cama y ésta rechina. El reloj roto que tengo marca las 4:00 AM y el sueño ha abandonado mi cuerpo, el hambre le ha ganado.
Me levanto como un cadáver y salgo de la estructura que llamo casa. No me pongo zapatos porque no tengo, comprar un par se ha hecho tan imposible como respirar aire no contaminado en el mundo de hoy. Las plantas de mis pies son duras, los cayos se han formado para protegerme de la quemazón del suelo. El sol puede llegar a los 38 grados sin problema para aquél que posea un buen ingreso.
Dejé la escuela porque mis padres no me podían costear los útiles. La matrícula era gratuita pero el gasto no, quedé a meses de graduarme cuándo decidí salirme. El dinero no alcanzaba y el hambre era una constante. Los libros fueron mis amigos durante años, contra todo pronóstico rompí los esquemas de mi clase social y me interné en el mundo literario, me salvaron y sostuvieron más veces de las que puedo contar (aunque no confíen en mí, las matemáticas no eran mi fuerte). Un rugido interrumpe ésta historia, lo lamento.
Sigo mi camino por las calles y veo a otros desde lejos, su postura me advierte sus intenciones y acelero el paso. Nadie se puede llevar mi comida.
El trabajo me fue negado por tres circunstancias lamentables: 1. No soy bachiller; 2. No tengo edad para ejercer algún cargo decente; 3. Mi vestimenta y mis orígenes me denotan y sobresaltan a los buscadores de empleados. Me niegan un trabajo por mi apariencia y edad e ignoran mi conocimiento. La desconfianza hace mella en sus corazones y la historia de la última traición aún no se ha borrado de sus memorias, no me dan los trabajos, pero me pagan por botar la basura.
La basura: mi amante eterna.
La primera vez que noté a alguien escarbando de la basura me pareció infausto, maléfico… luego me acostumbré a verlo más seguido. Niños, adultos y jóvenes hacen vida hurgando en la basura, desde que los tiempos cambiaron ahora cavan por algo más importante: abrigo y alimento o, en otros términos, comida y ropa.
Tal vez sus tripas se revolvieron, pero es una realidad que estoy viviendo. La primera vez que vi a alguien buscando algo más que madera, plástico o vidrio en la basura mi corazón se detuvo. Yo mismo estaba pasando hambre, pero en mi mente no figuraba la idea de llegar a tales extremos... que equivocado estaba.
Meses después de búsquedas infructuosas, rechazos de las personas y miradas por encima de los hombros no me quedo de otra: la basura fue mi opción. El primer día que llegué a un basurero con la intención de buscar comida me sentí tan mísero como un viejo avaro, tan triste como un ser depresivo y tan perdido como una persona con alzheimer. Mi corazón y mi alma estaban rotas, pero los instintos básicos pujaban por salir, yo necesitaba alimentarme.
Al llegar miré hacia los lados con vergüenza y pena infinita, y con renuencia inicié mi búsqueda. Una porción de hamburguesa, unas papas a medio comer, pastel de plátano sin relleno y más fue lo que conseguí. Tomé todo entre mis manos y salí huyendo del nauseabundo lugar. Al llegar a mi hogar coloqué todo ordenado en una mesa improvisada con reciclaje y los miré. ¿Cómo alguien podía dejar media hamburguesa entera? ¿Cómo? ¿Cómo alguien podía botar la mitad de su comida? Yo pasaba hambre a diario y en la basura he encontrado la mitad de un sueldo mínimo desechado. No lo pensé más y engullí todo lo que había recolectado. Mi estómago se calmó, mi alma lloró.
No iba a perder mi alma.
Así que me prometí no hacerlo muy seguido. Buscar ropa u objetos funcionales para mi búsqueda de un trabajo. Pero el hambre me golpeaba como boxeador nuevo y enfurecido y yo volvía una y otra vez a la basura. Un día sí y un día no era mi nuevo lema. Tal vez eso significaba un día sin alimento, pero era un día siendo una persona “normal” dentro de la sociedad. Y si la palabra normal les ha parecido hilarante, bienvenidos al grupo.
He llegado a mi destino
Ya estoy en el basurero correspondiente y son las 5:05 AM. No me interesa mucho que la gente me vea, después de todo a ellos no les interesa verme. Me encuentro con otros dos compañeros y automáticamente creamos un acuerdo de repartición. Tengo zapatos ya, desgastados y viejos, pero tengo. Poseo una gorra, camisa y pantalón. El cobijo que me brindan es más que suficiente.
Entre charlas y comidas las 6:00 AM golpea con un rayo, el sol se hace presente y acelero la búsqueda para partir de allí, de repente observo un muslo de pollo a medio morder y lo tomo con agilidad, lo sacudo un poco y me lo llevo a la boca. Cierro mis ojos por el sabor y mi estómago ha parado de arder. Al dejar el hueso sin carne observó un carro, otro auto más, otro ser que siente lastima, pero no representa ningún cambio social.
Ésta es mi nueva vida, mi nueva amante, mi nuevo yo. Soy una persona que piensa en calmar sus instintos más básicos en un país donde la inflación nos consume y no nos deja calmarlos por vías normales y humanitarias. Soy un hijo, un hermano, un sobrino. Soy piel, soy carne, soy sentimientos y alma. Soy hambre, soy fuerza, soy un volcán y soy un saco de boxeo. Soy todo lo que muchos no son. Soy todo lo que ignoras día a día. Soy ese que viste en la basura y no le diste tú plato de comida.
Hola, steemians. Hoy no hay signo de exclamación porque la felicidad ha abandonado mi cuerpo por un momento.
Ésta historia es dedicada a todas esas personas que no tienen voz, personas que veo a diario en mi país, personas que sufren y viven esa realidad. Pasa no solo en Venezuela. Esto sucede en todos lados.
La crisis económica del país ha llevado a la persistente imagen de éstas situaciones en cualquier basurero ubicado cerca de restaurantes. Esto es un grito de auxilio, un grito de dolor. Niños y adolescentes son los más perjudicados. La desnutrición es palpable y cuantificable, sin limites. Las muertes por falta de alimento van en crescendo y el gobierno no permite hacer estadísticas de ello, lo ocultan.
Pero para nosotros, es imposible ignorarlo. Les adjuntaré una foto, que me parte el alma y que puedo ver a diario.
No busco votos, busco informar, busco que la gente sienta por un pequeño momento lo que ellos sienten.
Agradezco a por su apoyo incondicional y brindarme una casa en steemit. A
,
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por los consejos y las respuestas que siempre me otorgan. A
,
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, hr1 y
por siempre apoyarme. Nunca dejen de brillar, chicos.
Por último gracias a ti , por permitir que la comunidad hispana tenga una voz. Gracias a ti hoy soy la voz de muchos en ésta crisis tan terrible. Miles de gracias. Y por supuesto a
por apoyar a los venezolanos, creo que tú, al igual que muchos, reconocerás mi rabia y dolor en toda ésta situación.
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