El tercer día llegamos a El Chino (Edo. Yaracuy), ya para ese momento, durante todo el día habíamos estado practicando una canción, que en el momento fue quizás para matar el aburrimiento o para olvidarnos un poco del cansancio, pero al final se volvió el himno de nuestra caminata. La cantamos en cada lugar donde algún grupo de personas nos recibiera, y en algún punto de la caminata, quienes nos recibían ya se la sabían.
El cuarto día llegamos a Morón (Edo. Carabobo), y al llegar nos advirtieron que era una comunidad muy peligrosa, y la recepción en esa zona podría volverse peligrosa. Las mismas personas de los carros que nos acompañaban y quienes nos recibieron, nos hicieron subir a los mismos y nos llevaron hasta Pto Cabello (a 10 minutos en carro), donde nos hicieron nuestra respectiva bienvenida con canciones, rosas e incluso una cena con vino.
El quinto día fue de descanso. Para mí fue espectacular así, porque fuera del mundo de la caminata, las protestas en el país eran cada vez más violentas y se sumaban más nombres a la lista de héroes caídos. A consecuencia de esto, por 3ra vez en la historia de nuestra excelsa patrona, la Divina Pastora salió en procesión fuera de la fecha en que lo hace anualmente (14 de enero), para pedir que cese la violencia, el odio y las maldiciones sobre nuestra tierra. Y yo, que cada noche volvía a casa tras la caminata, al saber todo esto -como buena guara que soy-, aunque ellos no caminaron, yo caminé 8 kilómetros junto a la Virgen, en el estado Lara.
El sexto día volví a la carretera, y llegamos a Trincheras (Edo. Carabobo), zona donde durante todo el camino nos advirtieron que nos cansaría mucho, y que podría ser peligroso, por lo cual debíamos atravesar en carro; pero en medio de la terquedad de no querer avanzar ni un tramo en carro, la caminata ese día fue lenta y ciertamente exhaustiva, por lo cual, a pesar del previo descanso, no llegamos más allá de ese lugar.
El séptimo día llegamos a Valencia (Edo. Carabobo), y fue el primer día en que el lugar de nuestro recibimiento fue dentro de una universidad, la Universidad de Carabobo. Lugar donde nos ofrecieron tratamiento médico para relajar los músculos, tendones y las lesiones, y además se sumaron más de 45 estudiantes a nuestro grupo que en un principio fue de 40, pero que ya iba por más de 50.
Durante todos esos días, un grupo de mi universidad que sabía que Fabiola y yo íbamos y volvíamos todos los días junto a los caminantes, nos dijeron que querían caminar un día, y planeamos durante el octavo día que ellos llegaran de sorpresa a caminar junto a nosotros, y fue un día increíble.
Ese día no sólo el clima estuvo bastante ligero, hasta lluvioso, sino que además, fue el día en que recibimos –para mí- la mejor de las bienvenidas: en Guacara (edo. Carabobo), donde en toda la entrada hay una comunidad de edificios que se encuentran conectados por un paseo o una plaza a nivel del suelo, de donde apenas llegamos a Guacara al atardecer, salieron a recibirnos cientos de personas de la comunidad con banderas, pancartas, sacos de ropa, música y mucha alegría, y nos llevaron dentro de esa plaza, donde nos esperaban para decir unas palabras, cantar el Himno Nacional, nuestro himno de la caminata y además, donde contaban con muchas mesas en las que nos tenían preparados varios platos de comidas, todos empaquetados y con pequeños mensajes de agradecimiento, dándonos ánimos y muchas bendiciones.
Ese fue sin duda el momento en que con mayor fuerza sentí que los venezolanos tenemos mucho amor que dar y mucha solidaridad entre nosotros, y que sin duda alguna estábamos haciendo algo bueno, porque le dimos esperanzas a cientos –o quizás miles- de personas a lo largo de nuestro recorrido.
-Todas las imágenes fueron tomadas por mí, por mis amigos, mi familia
y los de todos los caminantes.-
¡Mañana continúo esta gran historia!