Abril 7.
Ansiosa esperaba la hora para recibir los resultados, los minutos parecían horas y quedaban pocas uñas para morder.
Abrí el sobre:
Victoria González, 23 años.
Positivo.
Tiempo de gestación: 18 días.
— Oh, no puede ser.
Abril 21.
Han pasado ya dos semanas, no logro aceptarlo. Mis lágrimas no cesan desde que salí de aquella clínica. ¿Cómo pudimos crear otra vida? Apenas nos adaptamos a Santi y todo lo que un bebé de 7 meses implica. Tom no puede enterarse, no, no. Ya tomé una decisión, mañana iré al doctor.
Abril 22.
A partir de hoy las cosas cambiaran.
— Doctor, tengo un problema muy serio y necesito su ayuda con urgencia. Tengo un bebé, no tiene ni un año y estoy embarazada de nuevo. ¡No podemos tener otro! Mi esposo y yo apenas descansamos y estamos ahogados en deudas con los gastos del nuevo seguro para el pequeño Santi. Doctor, apenas y aprendí a hacer una compota decente. Lloriqueé.
— ¿En qué exactamente quiere que le ayude?
— ¡Quiero abortar!, supliqué con un gran redoble de tambores en el pecho.
— Tengo una idea que me parece mejor y es menos arriesgada, contestó después de dos eternos minutos de silencio.
— Para que no tengas que cuidar de dos bebés, vamos a matar al que está en tus brazos. Así podrás descansar hasta que el otro nazca, estarías tranquila, ya que vamos a matar a uno de tus hijos, no importa cuál de ellos.
Quedé estupefacta.
— Dicen que los hijos son todos iguales para las madres, ¿No es así? Además, tu vida no correrá riesgo con procedimientos quirúrgicos, si eliges quedarte con el segundo.
— ¡Doctor, que monstruosidad me está proponiendo! Matar a un niño es un crimen.
— Estoy de acuerdo. Pero pensé que no era problema para usted. Solo le estoy sugiriendo que elija usted al hijo que será asesinado.
En ese momento entendí el punto de vista del doctor.
32 días o 7 meses, el crimen es el mismo.
¿Sabes desde cuando Dios te ama?