
Él me recuerda a alguien que conozco.
Me recuerda a alguien frío,
alguien que no tiene alma ni corazón.
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No recuerdo cómo ni cuándo le conocí.
Solo recuerdo que fue en una fiesta brava.
Allá, en la Plaza de Toros,
nos miramos el uno al otro.
Yo me preguntaba quién era;
él se preguntaba...
Nada.
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Me enamoré de él,
pero él de mí no.
Para mí significó muchas cosas,
pero para él no signifiqué nada.
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Mi amor por él era devoción.
Su amor por mí era nada.
Mis lágrimas fueron de dolor.
Sus lágrimas fueron de nada.
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¿Quién iba a pensar que me enamoré de un personaje no existente?
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