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Hay momentos en los que
uno se siente como si
la vida se apagara.
No es en sí una muerte
física, mucho menos interna;
es mas el agotamiento del alma
ante lo sombrío que el tiempo
se vuelve más y más.
Desánimo, fastidio,
indiferencia, a veces desesperación;
los sueños, las historias que una
vez se anhelaban vivir y compartir
se vuelven polvo.
La realidad aplastante te dice
que dejes de soñar,
pero el corazón y el alma
te dicen que luches porque,
muy en el fondo,
sabes que la lucha vale la pena.
