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A veces levanto la cara;
la luna estaba ahí, sonriente,
sin otra compañía más que otra estrella,
quizás otro planeta.
En el corazón y en el alma
el deseo de tomar las maletas
y marcharse a buscarse la vida
fuera de la comodidad del hogar
se hace presente.
Pero la realidad es que,
más allá de lo que muchos
interpretan como el temor
a la vida, es simplemente
la sensación de perderse
en un camino que no sabes
hacia dónde lleva.
He de suponer que así se sintieron
aquellos navegantes cuando miraban
las estrellas en medio de los mares:
en busca de direcciones, de tierra,
de una expectativa por lo que pueda
haber ahí, al otro lado del mar.
Y si los navegantes de los mares
se sintieron así,
¿cómo nos sentiríamos entonces
aquellos que buscamos un camino
luego de que la vida, junto
con malas decisiones, truncaran
todos los planes que teníamos?
Fue entonces que decidí que
he de buscar el camino con tranquilidad,
con expectativas razonables y con la esperanza
de que toda esta mala racha de decisiones pésimas
fuera solo el mal sueño de alguien con insomnio.