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Muerte entre libros
Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
La señora Sylvia Garrett-Cromwell asentó con brusquedad su pote de té en la pequeña mesa que se encontraba junto a la ventana del segundo piso del pequeño departamento ubicado en el Dorset Street, el cual compartía hasta hace unos días con su difunto marido, un librero a quien la mujer enterró el día anterior.
"Nunca pensé que no volvería a casa", dijo la acongojada mujer. "¡Oh, mi pobre Meredith!"
El sargento Davis, quien se encontraba sentado en una silla junto a ella, se aclaró la garganta con incomodidad y le preguntó: "¿Ha visto algo extraño?, ¿algo que sugiera problemas con alguien? Enemistades, rivalidades..."
La señora Garrett negó con la cabeza. "Meredith era un hombre pacífico. No le gustaban los problemas. Era amable con todo el mundo".
"Entiendo. Y dígame, señora Garrett, ¿ha notado algo sospechoso en alguno de los amigos de su esposo?, ¿en su asistente, el señor Crow?"
La mujer volvió a negar con la cabeza, insistiendo en que su marido era un buen hombre que solo buscaba vivir de manera honrada. Davis se limitó a asentir mientras pensaba en cómo mencionar la existencia del tal B y el amorío que mantenía con el occiso sin añadir más dolor del que pudiera soportar.
Pero al final decidió que lo mejor era hacerle esa pregunta cuando la viuda se encontrara más tranquila. O quizás no mencionarlo nunca. No quería arruinar la imagen que aquella mujer tenía respecto a su marido.
No de ese modo.
