Dedicado a todo aquél o aquella que ama lo que más le gusta
Imagen cortesía de El Defensivo
Borracho, jorobado y renco no parecen ser las mejores cualidades para ser un deportista destacado pero "el Figura", simplemente hacía magia en el campo con sus gambetas, pases y especialmente goles. Cada domingo luego de misa nos dirigíamos corriendo al estadio del barrio para ver a los "Guerreros de La Quebradita" pero realmente estábamos allí por él, nuestro ídolo.
Cada juego era como estar en un circo donde el payaso además de hacer reír doma a las fieras totalmente borracho. Lo que a otros les costaba horas diarias de entrenamiento, mucho esfuerzo físico y años de formación de sus habilidades al Figura simplemente le bastaba con una botella de ron para desplegar sobre la cancha todas su destreza con el balón.
Ni siquiera calentaba, llegaba de la plaza, de alguna parranda o desde el botiquín del Maraco, un antro muy popular entre los hombres de La Quebradita directamente a los vestidores, a veces llegaba ya con el uniforme puesto y apestando a licor directo al juego y aún así, hacía maravillas sobre la grama. Era una locura, como semejante ser humano, con un evidente desperfecto físico y un cerebro marinado en ron podía desplazarse por el campo de fútbol con la agilidad (pero no con la gracia) de una ardilla en un jardín.
Otro domingo, otra victoria y otra gran actuación del Figura que nos llevará a jugar la primera final de nuestro equipo en la liga. De repente toda nuestra confianza y fe en nuestro equipo se esfumó cuando faltando dos días para el gran juego el Figura yacía tirado en el medio de la plaza apestando a vómito y con una botella en la mano. No reaccionaba a los gritos, sacudidas y baldazos de agua, !ESTÁ MUERTO¡ gritaban las doñas mientras entre todos lo alzamos para llevarlo al hospital del centro.
Coma etílico fue el diagnóstico de los médicos, no estaba muerto pero parecía un cadáver. A 24 horas de la final nuestra estrella estaba en la unidad de cuidados intensivos del hospital, bajo un sinfín de tubos plásticos y aparatos medidores la situación no parece que variará. Intentamos con santeros y brujos para revivir al Figura pero todo era inútil, este hombre al parecer jamás saldrá del sueño profundo.
El día del juego todos fuimos al estadio resignados a no ver la presencia de nuestro diez haciendo diabluras en la cancha. En las gradas sólo gritaban los hinchas de los Leones del Arrabal, los eternos campeones de la liga, sabíamos que sin el chueco borrachín en el verde pasto poco podíamos hacer por ganar. Todos nuestros malos presagios se evidenciaron en el primer tiempo cuando nuestros Guerreros regresaron a los vestidores con cuatro goles en contra en la espalda, cabezas agachadas y humillados los vimos internarse en las catacumbas a la vez que rogábamos al cielo un milagro.
Volvieron del descanso y nuestras plegarias fueron escuchadas. No sé cómo, pero un camiseta diez, jorobado y renco salió de los vestidores junto con el equipo. Se sentía el murmullo en las gradas, "¿será él?, ¿no puede ser?, todos lo vimos, estaba más muerto que vivo, decían. Todas las dudas se despejaron cuando el sospechoso metió el primer gol, sin duda era el Figura.
Dios sí oye las oraciones y se hizo el milagro, simplemente sin avizar nuestra estrella abrió los ojos, alzó el cuerpo, se quitó los tubos y cables y se vino corriendo desde el hospital a la cancha, no sin antes hacer una parada en el bar de Maraco para recargarse de su amado licor. Uno a uno llegaron los goles: tiro libre cerca del área 1-4; frentazo al palo izquierdo 2-4, chilena desde el área chica 3-4,tiro meteórico desde la media cancha 4-4, juego empatado todo gracias a nuestra leyenda beoda.
Faltaban 5 segundos para los pitazos finales, no bastaba el empate, había que ganar para llevarse la copa, cuando el nuestro lateral lanza un centro desesperado al área, de repente como un ángel caído del cielo el figura se alza por sobre todas las cabezas, incluso por encima de las manos del arquero y mete un frentazo tan duro como un disparo que traspasa la raya de cal hacia el fondo de la red, 5-4, tres pitidos y fin del partido.
La grada rugía, era increíble el milagro que hábiamos presenciado, contra todo pronóstico los Guerreros de la Quebradita, de la mano de su estrella lograron ganar el campeonato, por fin, !somos los mejores del barrio¡. Una omelet de jugadores se abalanzó sobre el Figura, su desgarbada humanidad no se veía entre el enredo de piernas, brazos y torsos felices por la hazaña conquistada. Cuando por fin se dispersaron nuestra estrella no estaba, se había esfumado como si fuera un acto de magia.
Después de ese gran salto felino que generó el gol de la victoria el Figura se desvaneció entre los abrazos, apretones y algarabía de sus compañeros de equipo. ¿Y el Figura, dónde está? era la pregunta general entre cancha y gradas. Simplemente a nuestro Cid Campeador se lo tragó la tierra esa tarde de gloria. Buscamos en la plaza donde dormía las borracheras, en el bar de Maraco donde conseguía su néctar sagrado y nada, su joroba, cojera y borracha presencia desapareció del mapa y desde entonces nunca más lo volvimos a ver.
Las gradas ya no rugen ni animan como aquel domingo, hoy lucen vacías, sin alma, como esperando otro mesías del fútbol que le de alegría y color como lo hacía el Figura, a veces creo que está repartiendo gambetas, pases y goles en otras oncenas antes tristes y desesperadas por ganar, esperando por una tarde de gloria como la vivida por nosotros ese verano mágico.