Como muchos sabéis, para mi familia y para mí es tiempo de cambio. Después de muchísimos años viviendo en una zona espectacular del norte de España es hora de cambiar de etapa y empezar una nueva que espero que, como mínimo, sea tan buena que la que cerramos.
Cambiamos de ciudad y yo cambio de colegio. Después de nueve años dando clases en un cole pequeño del prepirineo aragonés, cierro una etapa en un colegio en la que he vivido todo tipo de experiencias, como maestro de inglés, como director y como padre. Os dejo mi despedida del pueblo de Campo.
Nueve años. Dos palabras que al decirlas no suenan a mucho... pero que al escribirlas son increíblemente contundentes. Nueve años y sólo hay una palabra que se me ocurre escribir en este momento, GRACIAS.
Gracias a todos los alumnos a los que he tenido el placer de dar clases, sobretodo a ese 3º y 4º de EP con el que empecé mi vida de maestro en Campo. Gracias Cristina, Néstor, Madalina, Helena, Gonzalo, Jonatan, Dani, Andrei, Elías, Irene y Mikolay.
Gracias a todos y cada uno de los maestros con los que he compartido Claustro. Gracias Pilar por haberme enseñado tantísimo dentro y fuera del colegio. Gracias Mariajo, Susana y Julio por haberme dejado compartir con vosotros tantísimas risas en los buenos momentos y gracias por haber estado ahí en los que no fueron tan buenos.
Gracias al equipo de orientación por la ayuda prestada durante todos estos años, gracias Silvia por mostrar siempre esa predisposición a ayudar en todo lo necesario.
Gracias Nati por todos esos cafés rápidos en el quicio de la puerta del comedor que hacían que desconectara cuando más lo necesitaba.
Gracias a todos los que habéis pasado por el Consejo Escolar y habéis aguantado estoicamente el tostón de las cuentas, programaciones, memorias, etc. Gracias Elena, Rosa, Líber, Concha, José Antonio y Javi. Gracias Juan Blas por amenizarlos las reuniones con esos chistes finales que hacían que todos nos fuésemos con buen sabor de boca. Muchísimas gracias Juan por tu enorme implicación, por tu afán de contentar a todos, por haberme hecho ver y sentir que todo en la vida tiene un lado positivo, nunca lo olvidaré.
Gracias a todos los que habéis formado parte activa del AMYPA, por haber sido el punto de unión entre las familias y el Claustro. Gracias Maribel, Bea y Pili por haber luchado cuando surgieron problemas y por seguir trabajando por y para mantener la gran relación que existe a día de hoy entre las familias y el colegio.
Gracias a todos los padres que habéis creído en el trabajo de los maestros. Gracias a los que no siempre lo habéis hecho, ya que fue una excusa más para intentar superarnos día a día.
Gracias por el apoyo del Ayuntamiento. Gracias Maribel y Vanesa por todas esas llamadas que básicamente se limitaban a las palabras… “Porfa, mandadme a Ernesto…”. Gracias Ernesto por no mandarme a ‘escaparrar’ cada vez que te decía se había fundido una bombilla, que el baño estaba atorado, que una persiana se había roto, etc., gracias.
Gracias a todos por haber tratado a mis hijas como si fueran dos niñas más del pueblo. Gracias por haber contribuido a que hayan creado un vínculo con Campo que seguramente nunca perderán. Gracias por haber hecho que se vayan del colegio sintiendo que la “Escuela Cerbín es chachi del Pirulín” (Gracias Ana por la que tenía que haber sido la canción del verano…).
Gracias a los Pegasos, a los Fénix, a los Centauros y a los Dragones, habéis ayudado a crear un ambiente realmente mágico, haciendo que la “Escuela Cerbín de Encantos” no tenga nada que envidiar a la mismísima Hogwarts.
Gracias Campo por haberme acogido durante nueve años, sin duda la etapa más importante de mi vida. Muchísimas gracias por todos esos momentos que me habéis hecho vivir y que me llevo conmigo. De corazón, muchísimas gracias a todos.
Un abrazo enorme y hasta siempre Campo.
Jose M. Dumbledore.