Hoy tenía pensado traerles un post distinto, algo más bonito, algo positivo, algo de lo que me sintiera orgulloso. No es el caso, desgraciadamente. Verán, la semana pasada comencé un retrato digital nuevo, con el objetivo de seguir acostumbrándome a la extraña sensación de dibujar con una tableta gráfica. Ya había hecho uno hace un par de semanas, el cual compartí con ustedes en este post y, aunque en el momento no lo noté, la verdad es que fue un dibujo que quedó impresionantemente bien para ser mi primera vez utilizando una herramienta tan antinatural. Y por culpa de ese engañoso éxito, mis expectativas con el nuevo dibujo se dispararon.
Me propuse acabarlo en tres o cuatro días, además de elegir ilustrar una imagen más difícil de copiar, con un plano más abierto en el que los detalles son más complicados de apreciar, por lo que yo me vería obligado a suplir la falta de información en la foto de referencia. Más que asustarme, en un principio me parecía un reto divertido. La diversión duró poco, y en ese momento fue que comenzó la procrastinación. Antes de continuar con la historia, me gustaría mostrarles una captura de pantalla del dibujo, que a día de hoy aún no he logrado acabar, y el cual por ahora me deja con un muy mal sabor de boca.
Retrato de Joy, integrante del grupo de kpop Red Velvet.
Sigamos. Como pueden ver, luego de una semana todo lo que he hecho es el sombreado tosco de la cara, sin pulir demasiado. Y al momento de escribir este post me di cuenta que ni siquiera he hecho el sombreado de la oreja. ¿Por qué me estoy tardando tanto con este dibujo? ¿Por qué después de tanto tiempo sólo he llegado a hacer el sombreado de la cara y parte del cuello? Estas preguntas cruzaron por mi mente esta mañana, cuando estaba, de manera muy lenta y dudosa, haciendo el sombreado de los labios. Se supone que me gusta dibujar; desde hace tres años cuando me pongo a dibujar disfruto cada minuto de dicha actividad. Sin embargo aquí me encontraba, deteniéndome cada 10 minutos, cuando me distraía con cualquier cosa en internet, o me levantaba a tomar agua y aprovechaba para tomar tres vasos, intentando tardarme. Estaba haciendo todo lo posible por no hacer el dibujo que ya debería estar acabado. Este no era yo, no entendía qué pasaba, pero me urgía comprender la causa de mi actitud.
La verdad es que no estaba disfrutando el hacer este dibujo. La situación esta vez es distinta a cuando hice el dibujo de Don Quijote y me aburrí. Este dibujo sí me inspiraba algo, lo quería hacer, lo quiero seguir dibujando, lo quiero ver acabado. El problema es que cuando tomo el stylus y abro Photoshop la motivación desaparece; no porque pierda las ganas de ver el dibujo acabado, sino porque el momento de verlo finalizado parece tan lejano. Cada vez que me siento frente al monitor para seguirlo dibujando me enfrento a un reto demasiado grande que siento que no podré resolver.
Cuando comencé a agregar detalle a los labios me encontré con que la imagen de referencia no tenía la suficiente calidad, y no me ofrecía tanta información de los labios como necesitaba. Por otro lado, nunca he hecho un estudio a profundidad de cómo dibujar labios, es algo que he practicado muy poco, así que no tenía mucha idea de cómo llenar las carencias de información. Lo que siguió a esto fue la duda, el nervio y la frustración. Con cada trazo una voz en mi cabeza se preguntaba «¿Por qué estás haciendo ese trazo si no lo estás viendo en la referencia?» y la falta de práctica con labios me robaba la confianza en mis decisiones. Y así me encontré alejándome del dibujo cada diez minutos; estaba evitando enfrentarme a un reto que no podía resolver. «Seguro el Wilderman del futuro lo sabrá resolver» pensaba, al tiempo que era consciente de la gran mentira, pues sabía que en el futuro, al terminar de ver ese video de 15 minutos en Youtube, aún no sabría cómo hacer que los labios lucieran realistas.
Para ser sincero con ustedes, no sé qué hacer ahora. Estoy muy decepcionado de mi fracaso con este dibujo, pero no lo quiero dejar a medias. Esta experiencia me hizo ganar consciencia de mis carencias como dibujante, y sé que si debo hacer algo urgentemente es comenzar a practicar y estudiar a profundidad la anatomía de la cara, para poder llenar en los espacios vacíos la próxima vez que me enfrente a la misma situación. Mi dilema aquí está en que no sé si dejar este dibujo de lado, y comenzar a practicar YA, o si, por el contrario, debería acabarlo aunque sea de forma tosca, y no quede muy convencido, para no dejar el retrato a medias. Es algo que debo discutir con la almohada, que en estos momentos me llama a gritos desde la cama.
Para finalizar, no me gustaría que este post se centre únicamente en mí, así que compartiré con ustedes lo que aprendí esta semana, que espero los pueda ayudar en un futuro. La procrastinación es un concepto que se utiliza muy a la ligera —el hecho de que esté enlazado a videos de gatitos no ayuda— y puede llegar a ser muy dañino si no se controla. Sin embargo, también puede ser de muchísima utilidad, si te paras un momento a pensar por qué estás procrastinando. Analizar las causas de tu holgazanería es de mucha ayuda para mejorar. En mi caso, estaba procrastinando porque me había propuesto un reto muy complicado para mi nivel, y no encontraba cómo afrontarlo, lo que me dejó ver que aún carezco de muchas habilidades y conocimientos, que debo practicar cuanto antes. Mi consejo es que pienses si lo que estás dejando de hacer por procrastinar en teoría debería apasionarte o emocionarte. Si es así, entonces pregúntate «¿Por qué estoy evitándolo?» Las respuestas que extraigas de esa pregunta pueden ser de mucha ayuda.