Franz Kafka no necesita presentación alguna. No es casualidad que La Metamorfosis sea uno de los textos recomendables a leer, sí o sí, antes de morir. El ingenio de dicha obra arroja luz sobre una viñeta oscura de la naturaleza humana más necesaria de afrontar. En sí, esta era la visión que tenía su autor: mostrar lo cruel del mundo y afirmar, con ello, su belleza.
Pero ¿qué hace a Franz Kafka tan universal? ¿Cómo se puede disfrutar su obra sin perder ningún matiz? ¿Por dónde comienzo? Son preguntas que año tras año afloran en mis clases de Literatura. Es por ello que aprovecharé mi experiencia como docente y mi amor por dicho escritor.
Esto no es un estudio pormenorizado de sus símbolos y significados. Tampoco una guía integradora, aunque hay recomendaciones. Pretendo con esta entrada hacer una radiografía de su mundo interior para que así, a través de los indicios de su persona, podamos captar lo esencial y básico de su narrativa.
| Sus huellas dactilares
Todo escritor tiene una línea temática que lo define; algo así como las líneas de la mano o huellas del pulgar. Dicho tema representa el ADN de la creación literaria. La muerte era el hilo común en la madeja de poemas de Alejandra Pizarnik; la belleza, el tema predominante en la novelística de Thomas Mann. En el caso de Kafka, la angustia es la palabra que encierra todo su universo.
No hay cuento o novela del escritor que no encierre impotencia, frustración o un sentimiento de absurdo ya sea en sus personajes o en la historia que nos cuenta. El macrocosmo kafkiano sienta sus bases en la fealdad del mundo. Toma de la arcilla de la vida, la moldea hasta devolvernos una escultura aséptica, gris, cuya dimensiones son la realidad tocante.
Leer su obra es rozar lo convulso de la existencia humana. Sus ideas nos recuerdan por qué estamos vivos al tiempo que nos preguntan ¿estamos vivos? Hay que tener claro que no es un escritor de finales felices ni de tonos cálidos; no esperes toparte con una conciliadora visión de nuestros tiempos.
| El color de sus ojos
El simbolismo en sus páginas desborda múltiples interpretaciones debido a que su visión artística presenta un color universal. Él extrae los elementos que nos hacen afín a todos y los vuelve historias.
Ejemplo de ell son su alegoría del hambre en “Un artista del hambre”; las metáforas sobre introspección y culpa en “Ante la Ley”o los múltiples juegos sobre descendencia y progenitura que dedica en “Once hijos”. Es como si, sentado al piano donde se conciertan las sinfonías del alma, tocara teclas específicas que resuenan familiar a todos, componiendo una sonata cuyos acordes sean entendidos más allá del lenguaje y el país.
No solo los simbolismos son globales, también los hay personales. En cuentos como “La Condena” o en la propia Metamorfosis su prosa arroja luces sobre la tormentosa relación paternal del escritor.
El padre dejó una estela negativa que lo marcaría de por vida. No es que fuera un oadre disfuncional (era alguien de la casa y respetado empresario) sino que el autoritariamo de este trazó una brecha entre un joven Franz y todo afecto humano. Le bastó la poca comunicación para dejar dicha marca en el hijo.
Su forma de mirar el mundo era tan peculiar como lo que plasmaba en el papel.
| La textura de su piel
La personificación o prosopopeya está a la orden del día en la vida artística del escritor de Praga. No solo Gregorio Samsa, en “Informe de una Academia”, tenemos a un mono quien escribe una carta a una prestigiosa universidad explicando las razones de por qué logró aprender el habla. En “Josefina y el pueblo de los ratones” nos topamos con una incursión a la teoría de las masas bajo la forma de un puñado de ratones. Kafka usa la imagen animal como reflejo de la naturaleza humana; una especie de ironía que el escritor vio siempre etinado.
| ¿Por dónde empezar?
No existe una guía definitiva. En cuestiones de arte, el Norte toma diversos rumbos. Sin embargo, los especialistas consideran empezar primero por los cuentos del autor como un modo de ganar familiaridad. “La Metamorfosis” o “Informe para una academia” parecen ser textos más accesibles e ideales para un comienzo.
Las novelas, en cambio, muestran el tormento del escritor en todo su esplendor, por lo que obras como “El Proceso” o “ El castillo” serían más adecuados para personas ya avanzadas en el viaje.
Independientemente de por donde empieces ¡empieza ya! Leer a Kafka es una de las experiencias más enriquecedoras que puedas tener. En sus letras, nos asomamos al abismo de la propia existencia siempre con la esperanza de que alguien nos responda .
