Como te decía, mi amiga, eso de mudarse para acá de a poco es un buen negocio. Ahora bien, lo de cobrar un ojo por cada envío es un cuento; los muy descarados no piden lo mismo por el ojo que por la pierna.
Espera, déjame acomodar este teléfono que no se te oye bien.
Sí, niña. Ya ha transcurrido un año desde que empezamos a traer a la tía Ofelia. Pues sí, un año entre el papeleo y su llegada, pero bueno, valora tú a ver, porque no es mucho tiempo si consideras lo que se demora ese trámite allá en la isla.
Lo único malo, y eso sí tienes que tenerlo presente, fíjate… lo único malo es que el servicio medio, que es el que pudimos pagar, imagínate, no viene con la opción de arribarlo todo a un mismo sitio.
¡Que emoción la de Susanita al saber que tía ya venía en camino! Los saltos que daba de lo contenta. Pobrecita, anda muy triste porque no pudimos llevarnos al perro y tía con ella no tenía reparos. Es que Ofelia la malcriaba con muchas chucherías, ya tú sabes cómo es ella con los niños.
Esperamos como dos semanas hasta que llegó lo primero de tía; con retraso de un día y obvio que nos descontaron por ello.
Tuvimos que recoger el brazo derecho de tía por allá por Toronto; lejísimos. Nos echamos tres días para llegar. Ya el gerente del aeropuerto nos estaba advirtiendo que había que llevarse ese paquete o lo remitía a Medicina Legal. Nosotros le dijimos que no era nada de lo que pensaba, que la tía estaba viva, que por razones de tarifa y agencias había mandado primero el brazo y el resto de ella ya venía en camino.
¿Qué cómo supimos que era su brazo? Ay mija, ¡tienes cada preguntas! ¡Por supuesto que por el recibo del paquete! Además, ellos aclararon que lo primero que se envía siempre es un brazo como “un gesto de confianza” hacia el cliente, así le dicen. ¿Tú piensas que nos vamos a dejar estafar así por así? También envían en la caja las indicaciones de la siguiente entrega.
Como te decía, luego de recoger el brazo nos estaba esperando una pierna en Chicago. Oye niña, menos mal que aquí se anda en carro y avión, porque las piernas nuestras eran las que se iban a quedar en el camino si nos hubiera tocado montar una guagua o un tren de esos de los que se rompen de la nada. Claro que me refiero a los de allá, donde si no, aquí nada se rompe.
A eso del miércoles llegó el otro brazo y el jueves recibimos en Miami el dorso de la tía. Llevaba puesto el vestido rosado que le compramos hace cinco años antes de venir para acá. Estaba como nuevo.
La niña le puso los dos brazos al cuerpo mientras sonreía y nos preguntaba si lo estaba haciendo bien. Muchacha, qué bonito aquello. Era como la Navidad esa en que matamos un puerco en tu casa y armamos el arbolito ¿te acuerdas?
Mi marido, Susanita y yo contemplamos maravillados el cuerpo que pronto sería la propia tía, similar a los bustos de maniquíes en las tiendas de lujo, aunque con sus senos bien caídos con los años. Ellos nos dijeron que eso no tenía solución, porque su tarea era el de transportar, no la cirugía estética.
Yo, la verdad, es que no sé cómo lo hacen… oye ¿tú me oyes bien? Que no se te ve bien en la pantalla. Esa debe ser la conexión tuya; claro está que no es la mía…
Te decía que no sé cómo ellos lo hacen. Cuando firmas el contrato y mandas la mitad del dinero, hablan primero con el familiar o la persona y le indican una dieta especial Ni me preguntes por ello; ya tía te lo dirá. Esa dieta hay que mezclarla con un cocimiento raro para anestesiar el cuerpo y desfragmentar las células o algo de eso, dicen que así se pueden separar los órganos y preservar la vida.
¡Ay niña pero que voy a saber yo como es que la gente se queda viva! Ustedes allá todavía están vivos y nadie se extraña. Así fue que trajeron a Raymundo el marido de Tania ¿te acuerdas de Raymundo? y ya tú ves qué bien está en las fotos.
Bueno, sí, tiene un ojo azul y otro carmelita, pero eso fue porque la estúpida de su mujer recogió el que no era. Ajá, pero lo del brazo más corto que el otro fue por el cambio de equipajes en el aeropuerto. Al menos se lo indemnizaron dándole el de un hombre cuya familia decidió no continuar pagando el servicio. Ese del pago incompleto sí está embarcado, fíjate: anda con un pie aquí y el otro allá.
Claro que yo estoy clara. Claro. Yo hablé con el mismo dueño de la mypime. Ellos te llevan al hospital más cercano. Tienen contratos con casi todos los hospitales del país. Allí te practican la cirugía y acto seguido envalijan el órgano. Lo demás es historia.
Pero no todo es así de fácil. Lo malo que es ser pobre aquí, mi hermana. Fíjate que cuando fuimos a recoger la cabeza de tía en… ¿dónde es que era, Armando?... Ajá, en California, el señor ese de la aduana no quería dárnosla.
Para colmo él con todo su inglés…tú sabes que yo no entiendo ese idioma… él con su inglés explicándonos lo inaudito que era hallar una cabeza humana dentro del equipaje. Que quién nos dijo que eso era normal. Imagínate, y nosotros explicándole. Esa gente no sabe nada de eso. Al final terminó por informar a las autoridades.
Lo peor no fue eso, sino que tía venía sin la boca. Si no hubiera sido así, ella misma hubiera explicado el asunto y san se acabó. La pobre nos miraba con ojos asustados mientras nosotros le hacíamos señas de que se calmara en lo que el FBI hacia la pesquisa.
Menos mal que Armando llamó a un amigo que es abogado y que sabe inglés. Ese sí estaba actualizado de las circunstancias y negocios de la isla y pudo aclararlo todo. Así que nos la llevamos y ya ella está aquí ¡de las mil maravillas!
Si, sí. Ya la armamos completa y nos cercioramos de que respira bien y todo. Nada más le falta la boca. Ya tío Ramón nos contó que se la quitó para que no se le ocurriera atormentarnos aquí con los problemas de allá, que sin falta la envía más adelante, pero nosotros estamos valorando si realmente la necesitamos. Qué va, ha sido mucho el gasto y ya tenemos a la tía Ofelia aquí con nosotros, que es lo más importante.
Sí, nosotros pagamos la tarifa media ¿Qué cuánto cuesta el servicio básico? Niña, por tu madre, no te atrevas a pagar el básico y deja la tacañería esa, a no ser que quieras recorrer medio mundo armando a tu familiar. Recuerda lo que le pasó a Raymundo. Mira que si te falta un pulmón o la vesícula, ellos no responden.
Te dejo mi amiga que ahora voy a cocinar. ¡Qué alegría hablar contigo! Voy a hacer lasaña, el plato favorito de tía. Ella no puede comer aún pero qué se va a hacer. Bueno, tú cualquier cosa me dices. Dale, besitos. Sí, descuida, yo mañana te mando una foto en cuanto nos llegue la primera pata del perro.