El agujero de una bala en un cristal de una parada de autobuses llamo mi atención, y al observarla pude detallar que dos incautos yacían ahí tranquilos y hasta ''sonrientes.'' Envueltos en la violencia de esta ciudad, pero indiferentes de la misma.
Testigos ciegos de lo que todos los días vivimos quienes no nos ahogamos en la queja pero no ignoramos la realidad.
Porque sus marcas allí están, esparcidas en la cotidianidad de toda la ciudad.
Yo siempre lo veo en la ''Tarde de cristales rotos''