
Tengo un problema y no son los apagones como le dicen aquí (o los cortes de luz como les dicen en muchos otros lados) mi verdadero problema es la costumbre, de tantos ciclos irregulares de fluido eléctrico he terminado acostumbrándome a estar a oscuras y para alguien que siempre va en busca de la luz ese es un problema, uno grande y real.
Alguna vez escuché en algún lugar de que "a quien porta la luz, siempre la Sombra lo asecha" pero que hacer cuando esa sombra es una constante, no una constante que amenaza con tragárselo todo, sino una que ya ha ganado y que se asienta como el polvo reseco formando una costra densa sobre días y noches. Así se sienten estos cortes de luz de mi país (Cuba) que a veces duran 12 horas o más, que nunca siguen un patrón ni orden lógico como si estuvieran planeados para desequilibrarnos, sacarnos de todo orden y dejarnos a merced de la incertidumbre.
Bajo este escenario desde un principio busqué varios métodos para sobrellevar la situación, porque si empezó de a poco con un par de horas diarias, luego cuatro, seis, doce, hasta llegar al punto actual que no se sabe realmente que tanblargos o no pueden ser los cortes de luz, parece un sistema diseñado para enloquecer a cualquiera. Ya yo venía de la oscuridad, en sentido metafórico durante mi infancia mi visión fue muy mala cosa que no hacía para mí la oscuridad algo tan devastador como para los otros niños, pero mientras fui creciendo y recuperando visión la oscuridad se volvió ese terror original que representa para todos hasta cierto punto.
Por ende cuando ya los apagones se volvieron parate indisoluble de mi vida otra vez volví a ciertas costumbres que parecían disueltas en una infancia lejana. La remembranza en medio de la oscuridad parecía casi como una forma temprana de meditación. Cuando se está en la oscuridad absoluta, sin carga en ningún dispositivo o persona con la que valga la pena una buena charla uno se qu da frente al yo, enfrenta esas partes de la conciencia que la mayoría de las veces mantienen silenciadas. Y si en un principio es algo aterrador, pero cuando uno aprende a estar en paz con ciertas partes de su propio ser empieza a tomar esa oscuridad absoluta como un oasis de calma y reflexión.
Tal vez en parte, en gran parte, todo se resuma a eso de que "al mal tiempo buena cara" pero en mi caso he llevado la expresión a un grado superlativo donde ya los momentos ha oscuras se sienten más como mi habitad que los momentos de claridad. Cosa que claro no se libro de su correspondiente lucha interna en la que tuve equilibrar mis pensamientos entre la conformidad y la aceptación. Porque claro en ningún sentido tomarle el gusto a la oscuridad está bien, pero en tiempos de penumbras adaptarse a esas sombras termina siendo el mejor mecanismo (por lo menos desde mi punto de vista) para conservar la luz propia.