Un saludo a todas esas personas que les gusta leer cosas lindas, reciban de mi parte el más sincero abrazo de agradecimiento por dedicar unos minutos de su tiempo a leer estas líneas. Como “lo prometido es deuda” acá les traigo el recorrido que hice en el Sistema Teleférico Mukumbarí en Mérida, #Venezuela.
Al llegar a la primera Estación llamada “Barinitas” escuchamos una breve charla dictada por los guías donde nos explicaron el origen del nombre de la Estación. Es curioso que se llame “Barinitas” si estamos en el Estado Mérida; pues resulta que le colocaron ese nombre en honor a los primeros pobladores de la región, los cuales tenían una posada en el lugar que hoy día es la primera Estación del Teleférico; esa posada se llamó “Barinitas” porque los dueños eran oriundos de esa provincia (les estoy hablando de los años 1800), ellos fueron los primeros comerciantes de esa época y los primeros en alojar a los “turistas” que pasaban por la zona.
Al fondo la Ciudad de Mérida, foto tomada desde un Nokia Lumia 635.
Cuando comienzas a subir al paraíso (porque no puede tener otro nombre), te encuentras rodeado de ese verde naturaleza que envuelve nuestros ojos llenándolos de inspiración. Tuve la oportunidad de conocer “las canas de la montaña”; son unas hojas bastantes particulares que a lo lejos parecieran ser blancas y le dan a nuestro paisaje un toque de dulzura y seriedad. Al llegar a la segunda Estación “La Montaña”, realizamos un recorrido por la Selva Nublada que no duró más de 30 minutos.
Sin duda alguna, una de las mejores sensaciones de la vida es poder vivir; he conocido a muchas personas que no ha vivido, y cuando hablo de vivir me refiero a conocer, a explorar, a sentir que estamos vivos y eso sólo lo podemos experimentar si entramos en contacto con nosotros mismos. Apreciando los pequeños detalles de la vida que terminan siendo lo único que nos llevamos con nosotros cuando dejamos de existir, después de todo no son tan minúsculos como parecen, esos pequeños detalles pueden convertirse en lo más grande que podemos conservar en nuestros corazones.
La siguiente Estación tiene el nombre de “La Aguada”, para serles sincera no me detuve en esta parada, solo dediqué mi tiempo a disfrutar del hermoso paisaje que se observa desde allí, estaba muy ansiosa por llegar a “Loma Redonda”, donde se aprecia la “Laguna de los Anteojos”. Las manos me temblaban un poco, es un punto donde debes comenzar a abrigarte bien, porque quizás no toleres el frío, el corazón comienza a latir muy rápido, algunas personas me dicen que es por la falta de oxígeno, yo creo que es por la emoción de sentir que llegaste al paraíso.
Entre árboles y neblina llegué a la Estación que esperé con tantas ansias “Loma Redonda”, yo la describiría como las puertas al cielo, caminar entre tanta paz y respirar en medio de tanta belleza es algo tan grande que te hace sentir chiquitico. Tener la oportunidad de conocer esa Laguna es un momento mágico que envuelve por completo nuestro corazón. Allí estaban, como si me estuvieran esperando, “La Laguna de los Espejos” a la derecha que reflejaba la montaña y la “Laguna de los Anteojos” a la izquierda que profundizaba el horizonte ocultándose entre la neblina. La verdad no sé si el paraíso que prometen las religiones existe, pero yo conocí uno y está en mi Mérida preciosa.
4.045 metros sobre el nivel del mar me enseñaron que las pequeñas cosas de la vida nos hacen sentir emociones gigantescas. Tan grande como los frailejones que adornan nuestra cordillera de los Andes y tan hermoso como los paisajes que se aprecian a lo largo del recorrido. Pareciera que no hay problemas, es otro mundo que te desconecta de las presiones sociales, no importa marca, color o estilo de vida, todos estamos allí por una razón y es que queremos vivir, sentir que respiramos ese aire fresco, ese frío penetrante que calmas con el delicioso chocolate caliente que degustas en la cima.
Mi madre siempre decía que “lo importante no es llegar, si no disfrutar el recorrido”, eso lo entendí cuando me encontré a 4.760 metros sobre el nivel del mar, llegué a la última estación y no sé cómo, no hubo nervios, no hubo miedo, solo había un corazón que latía muy fuerte y unos ojos verdes maravillados entre tanta naturaleza. Solo había orgullo, el orgullo de haber nacido en una tierra hermosa que deslumbra a cualquier mortal con su pureza y resplandor.
<
¡Cuánta razón tenías mamá!, lo importante no era llegar a Pico Espejo, lo realmente importante era disfrutar nuestra travesía, tal cual como pasó ese día. ¡Vieron que sí me cambió la vida!, no regresas de la Montaña siendo la misma persona, regresas valorando cada detalle, cada minuto de la vida, porque cuando llegas a la realidad y te topas con una ciudad estresante y una sociedad mezquina, solo quieres regresar al silencio de los frailejones y dormir entre los brazos de un cielo nublado que se acomoda para darle el mejor colirio a tus ojos.
¡Gracias por su atención, espero que si no conocen a mi hermosa Mérida se animen a visitarla, y si ya la conocen anímense a explorarla. Es tiempo de vivir a plenitud.
Recuerden que cuando se escribe con amor todo es más bonito