Las puertas se han cerrado para mí y el camino ya no me espera. Solo me queda detener mis pasos cansados para esperar que el tiempo haga su lento e inexorable trabajo de corroer lo que fue mi orgullosa maquinaria, llena de vida y bullicio. Solo el óxido cobija mis huesos desnudos...
Hice esta foto cerca de una vieja estación de tren abandonada, la estación El Encanto, en las montañas de Los Teques, una ciudad cerca de Caracas, la capital de Venezuela. Este era uno de los cientos de vagones que formaban parte de la flota de trenes del Gran Ferrocarril de Venezuela o Ferrocarril Alemán, cuyas vías cubrían la ruta llena de acantilados y abismos que iba desde Caracas hasta Valencia. El ferrocarril fue inaugurado en 1894 y funcionó hasta 1966.
Como puede ver, ni siquiera el metal duro puede soportar la lenta fuerza del tiempo que todo lo disuelve en sus componentes originales.
100% contenido original. Los textos y la foto fueron creadas por mí.