En la siguiente publicación aunque sea sobre mi, trato de mostrar las anécdotas y experiencias que viví cuando formé parte del ejercito en la unidad medica, como enfermero militar. Armado con un estetoscopio, un tensiometro y mi equipo de cirugía menor en la muslera (bolso para pierna).
Comencé como solsado raso, pero llegué hasta el rango de Cabo Primero, el cual no es un alto rango en realidad, pero en el area de la salud los rangos no aplastaban ninguna acción a la hora de atender a los pacientes del hospital militar, la prioridad era atender y solucionar los casos que se presentaban al equipo de trabajo; unidos por una misma vocacion, prestar nuestros conocimientos y servicios hacia los pacientes que llegaban a la consulta.
Estado Bolivar Venezuela
Cualquier persona al ver, esta foto al lado de un tanque de combate pensaria que soy un soldado de primera línea preparado para el ataque, armado hasta los dientes, pero en realidad solamente era mi primer dia con un nuevo uniforme.
Mi verdadero trabajo era en el servicio y atención de quirófano, traumatología, cirugía de manos y sala de emergencias.
Atendíamos aproximadamente 40 pacientes al día (una cantidad enorme para los recursos materiales y el recurso humano que poseíamos), nada facil atender a tantas personas con solamente 8 compañeros de trabajo quienes sin descanso cumpliamos la meta mayor, es decir, el solucionar los problemas de salud y que los pacientes mejoraran lo más rápidamente posible.
El uniforme reglamentario era ese verde de combate, pero por comodidad y eficacia, utilizábamos uniformes quirurgicos, y no solo por comodidad nuestra sino para causar un efecto visual no traumático a los pacientes, la idea es que sintieran que los profesionales que los atendían no eran soldados sin sentimientos, que eran personas dedicadas justamente a resolver los problemas por los que estaban pasando.
En esta foto, me encontraba junto a mi jefe directo, en ese tiempo con el rango de capitán el Doctor Juan Carlos Rios (Traumatólogo ortopedista) quien era mi tutor, compañero y amigo. Jamas utilizó su rango conmigo, siempre me consideró como un compañero más de trabajo igual que todos los que perteneciamos a esa unidad, claro, siempre con el respeto por delante entre todos.
Ese día estábamos colocando una férula (parte de un yeso, para inmovilizar un miembro lesionado) era mi primera vez asistiendo este tipo de caso.
Después de años de estudios, práctica y preparación impartida por el capitán Rios, comencé a atender por mi cuenta a los pacientes (bajo la supervisión del Capitán) para aligerar el trabajo que se presentaba en el area de traumatología, viéndonos abarrotados por la cantidad de pacientes que se presentaban día a día a la consulta.
No solo era colocar un simple yeso, era un trabajo difícil el que se hacia, una mezcla de arte con eficacia científica el poder moldear un material como es el yeso a la contextura humana cumpliendo la necesidad de inmovilizar el miembro lesionado, sin generar incomodidad al paciente ni perder el toque estético de dicha obra.
Lo interesante de esta área eran las herramientas que poseíamos, con aspecto más a herramientas rudimentarias (parecíamos mecánicos o albañiles).
Utilizarlas a la hora de retirar el yeso, era una unión entre atención delicada con la fuerza rustica para lograr quitar todo pero sin lesionar al paciente en el proceso.
Les contaré una historia de un paciente que atendimos una vez con un traumatismo abierto por proyectil de arma de fuego (un disparo).
Nos llega a sala de emergencia, un caso de un soldado que había recibido un disparo en miembro superior derecho, por la zona distal del antebrazo derecho (cerca de la muñeca). Comenzamos con los pasos adecuados para atenderlo, como la rayos X, así podríamos ubicar el proyectil y ver si se encontraba fragmentado (por suerte no lo estaba) o si había lesionado alguna parte osea.
Después de todo el proceso al percatar que el proyectil solo se alojaba alli, y que no afectaba ninguna estructura, lo metemos al quirofano ambulatorio (conocido como quirofanito).
Aquí pueden ver el proyectil que se le extrajo al soldado.
El traumatismo recibido por ese proyectil no resultó en gran daño, pero al terminar nos cuenta el soldado de como sucedió ese accidente. Nos relata que su compañero se encontraba “limpiando su arma” y al parecer no se percató de que en la recamara se encontraba aún cargada, en esa limpieza se le dispara y termina lesionando a este soldado.
Lo impresionante de mi historia no fue el cómo sucedió, sino que el soldado me pide la bala, yo pensando dentro de mi inocencia que la quería guardar como recuerdo, pero algo no parecia bien, me parecía que algo escondía en sus intenciones ese soldado, por eso antes de daársela le pregunto: “¿para qué quieres conservar eso?” A lo cual me contestó sin temor y con un tono de frialdad: “la bala se conservó sin dañarse y quiero ponerla en otro casquillo, para devolversela al desgraciado que me disparó”. Escandalizado por esa idea de venganza, preferí no entregársela y desecharla en el lugar adecuado para este tipo de material.
En esta foto nos encontrábamos en quirófano atendiendo una fractura cerrada en miembro inferior derecho (muslo derecho), para colocarle un clavo bloqueado. El joven de la foto derecha con la bella sonrisa (porque cargo tapa boca) soy yo. Tengo más fotos de la cirugía pero podrían ser algo fuertes para algunas personas.
Aquí nos encontrábamos reunidos para la juramentación de los nuevos soldados que ingresarían a las Fuerzas Armadas en ese tiempo. Realizando todos los actos protocolares y de tradición en el ejército.
Un día muy ajetreado; aunque no estuviera bajo el sol, nos encontrábamos por la zona establecida de prevención y atención; las horas que pasamos esperando mientras se realizaban dichos actos, era agotador, cabe destacar que la unidad médica es la última que se va (nunca se deja a nadie atrás).
Aquí nos encontrábamos reunidos para la juramentación de los nuevos soldados que ingresarían a las Fuerzas Armadas en ese tiempo. Realizando todos los actos protocolares y de tradición en el ejército.
Un día muy ajetreado; aunque no estuviera bajo el sol, nos encontrábamos por la zona establecida de prevención y atención; las horas que pasamos esperando mientras se realizaban dichos actos, era agotador, cabe destacar que la unidad médica es la última que se va (nunca se deja a nadie atrás).
Después llegamos a las instalaciones del hospital militar (mi nuevo hogar) para ducharnos, cambiarnos y poder irnos a casa.
Aquí les muestro la foto de otro caso parecido al anterior, algo muy común en realidad en el área militar (accidentes con armas por descuido o mal manejo de las mismas).
25 de diciembre, nunca olvidaré ese dia, me encontraba a las 7:00am recibiendo la guardia.
Todos esos dias fueron parte de mi vida, momentos difíciles, discusiones, peleas, criticas, otros risas, compartir en grupo; cada uno de esos días formaron mi carácter, me enseñaron que no importa el uniforme, el estado civil o militar, la raza o estatus social, al final todos somos humanos unidos para lograr un fin en común: pevenir, atender y solucionar los problemas de los pacientes para darles una mejor calidad de vida.
Cuando veas a un trabajador de salud, con uniforme, concentrado, no dudes en preguntarle tu inquietud o expresarle tu situación, para eso estan (es su trabajo) no siempre estan estudiando o leyendo un libro de medicina.
Nota: soy el vivo ejemplo, estaba jugando allí con la tableta, después de estar 4 horas en quirófano y una paciente no se atrevía a hablarme porque pensaba que me encontraba “estudiando” , cuando noté que me veía de una forma como escondiéndose, le pregunté “¿Cómo puedo ayudarla?” Puesto que realmente no estaba ocupado, estaba era jugando jaja.