Aquella noche fue el comienzo del final. Miguel apenas y pudo comunicarse con Samuel, su pareja. Ya existían muchas dudas sobre aquella relación tan corta y sobre sus posibles repercusiones.
Amistades que le parecían algo más que eso, un pasado del que no conocía casi nada y un mundo de drogas del que se le haría muy difícil sacar a su pareja Samuel. Se podría decir que mientras más iba conociéndolo más cosas terminaban por desagradar a Miguel y por volverlo un completo paranoico. Pues claro, de ese mundo él ya tuvo su experiencia y con la misma pensaba ayudarle, por amor lo haría.
Tenemos que hablar.
Tras una larga espera al fin un mensaje entro a su bandeja telefónica, una frase, una insignificante oración que podía simbolizar el fin de todo, algo que Miguel sabía muy bien y no esperaría a una conversación, si las cosas iban a acabar, serían de una vez y por vía telefónica.
Lo que tengas que decir dilo de una vez Sam…
Me voy del país…
…
Para su sorpresa la frase no representaba lo que él pensaba, era algo incluso peor. Sin embargo, sabía que de verlo en persona y conversar, sus sentimientos y lágrimas podrían hacerle más daño, algo que se prometió no volvería a pasar. Miguel no podía contener la impotencia y prefiero no emitir alguna respuesta al respecto.
Es una decisión que he estado tomando desde hace dos años Miguel… no puedo perder la oportunidad de irme.»
¿Entonces con qué fin viniste a mí?
… no es lo que piensas Miguel, yo te amo.
Entiendo.
No podía creer lo que pasaba: ¿Irse del país? ¿Por qué? ¿Cómo tomas una decisión tan apresurada? ¿Todo estaba bien? ¿Qué pasará con nosotros? ¿Quizás lo presione al querer hacerle dejar las drogas? No… o si….
En cuestión de segundos la cabeza de Miguel conectaba puntos y hacía un completo esquema de posibilidades que descifraran aquella decisión, sin embargo, la cólera ya se apoderaba de sí y lentamente la mezcla de sentimientos y dolor iba marchitando el amor. Era un sistema de autoprotección que ya caracterizaba su ser.
Amor... no sabes como yo te quiero pero es algo que debo hacer, son varios años pensándolo y creo que es el momento de irme. La situación aquí no es la mejor. De verdad no sabes que tanto me alegro de haberte conocido y lo mucho que te amo.
Ya basta Samuel…
A medida que iba leyendo cada uno de los mensajes Miguel buscaba la manera más correcta de despedirse sin exteriorizar el dolor que tanto sentía. Era un hecho que la decisión de Samuel estaba tomada y por alguna razón prefirió no discutir al respecto.
No hables de amor Samuel… no hables de cariño… no hables de nada.
Miguel no...
¡Basta!»
Las lágrimas recorrían el rostro de Miguel, su dolor y sus sentimientos cada vez se acercaban más a la cólera y sus paranoicas ideas cada vez cobraban más sentido. Las palabras de Samuel no le parecían más que mensajes sin sentido, vacíos y superfluos.
Quiero que sepas que te amo Miguel, no sabes lo muy feliz que me siento de haber compartido contigo. Si algo me rompe el corazón es dejarte… eres lo más hermoso que he conocido en mi vida… no sabes lo mucho que me frustra esto, pero el destino me exige seguir un nuevo camino, pero quiero que sepas que siempre serás mi príncipe adorado.
Samuel… gracias por todo… pero… eres un egoísta. Un egoísta que ha estado pensado en su propia necesidad, un egoísta que se ha reservado cosas de su vida por temor a escuchar mi opinión, un egoísta que durante mucho tiempo ha mantenido una relación en la que al parecer el único afectado por el amor soy yo… no sabes amar Samuel, no entiendes de amor. Si de verdad me amaras hubiésemos buscado una solución juntos, como pareja… pero no… tomaste la última palabra solo y te vas así sin más.
Miguel…
No hay nada que decir Samuel, tu decisión está tomada ¿Cierto?
Me voy en una semana Miguel.
Feliz viaje Sam.
Te amo…
«…»
Miguel cerró sus ojos y una lágrima recorrió su mejilla. Había terminado y se sentía derrotado. Una vez más lloraba por amor. Una vez más sus sentimientos se habían posado en la persona equivocada. Una vez más sus emociones se marchitaban y convertían su corazón en una roca gélida. Una vez más la soledad se convertía en su amante y los recuerdos en su tempestad.