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— ¡Abre de una vez esa puerta! —miré a Marta mientras introducía con agilidad los ganchos en la cerradura de la casa. — ¿Prefieres que lo haga yo?
— ¡Shhh…! —el nerviosismo se notaba en sus manos que torpemente se movían más rápido para dar apertura a aquella puerta. Era difícil considerando que el cerrojo era antiguo, pero no imposible. — Si nos pillan va a ser tu culpa.
— Bueno —desvié la mirada y observe las estrellas en el anochecer. — Nadie te obligó a venir, además —hice una pausa y me agache para hablarle al odio. — ¿Quién fue la que no quería quedarse sola en casa?
Marta se detuvo y giro la cabeza con una expresión poco alegre justo antes de responder:
— Era esto o tener que aguantar a mis padres pasados de copas. Ya sabes cómo son —en ese momento yo me reía descaradamente y ella mientras tanto guardo las pinzas en su bolso justo antes de levantarse. — Ya está, vamos.
Marta abrió el cerrojo de la vieja mansión y empuje rápidamente la puerta para adentrarme en aquel lugar.
— ¡Es enorme!
— Enorme va a ser el regaño de los vecinos si sigues gritando así Luna.
— ¡Mira Marta! —observe el entorno de la sala dentro de la mansión y me sorprendí al ver lo grande que era aquel lugar. — ¿Quién demonios abandona un lugar así?
— No lo sé —la cara de Marta se palidecía mientras más observaba alrededor y detallaba las cosas que allí habían: telarañas, polvo, moho, objetos tirados por todas partes, periódicos viejos; es como si un torbellino hubiese pasado y acabado con todo a su paso. — ¿No crees que deberíamos irnos?
— ¿Tan rápido? Eres una cobarde…
— Pues yo si quiero seguir viva, gracias.
— Veamos solo un poco más anda.
Caminé hasta la chimenea al fondo de la habitación. En el suelo había libros y hojas ralladas con símbolos musicales, parecían partituras pero no lograba identificar de qué instrumento exactamente.
— Luna ya es tarde —la voz de Marta cada vez era más nerviosa, de verdad que no le gustaba ese lugar. — Vámonos ¿Si?
— Solo dame un segundo —entre los papeles que había en el suelo una carpeta llamo mi atención. — Parece de piano Marta.
— Si Luna, si te la vas a llevar tómala pero por favor vámonos.
— Es extraña no logro identificarle —la letra apenas y era visible pero sí que eran partituras de piano, no había pasado 10 años de mi vida aprendiendo al respecto para no poder leer algo como eso. — Marta alumbra a…
Justo en ese momento se escuchó un estruendo en la planta superior. Marta ya me había tomado por el brazo y jalaba de mí hasta la puerta. Mi corazón latía rápido pero era evidente que algo o alguien habían hecho ruido en alguna habitación.
— ¡Marta! ¡Marta, no tan fuerte! —apenas y podía caminar bien con su brazo jalando de mi suéter, sin embargo ella aun caminaba a paso rápido y las cuadras se iban sucediendo una a una hasta alejarse más y más de aquella mansión. — ¡Que estamos lejos Marta!
Se detuvo en seco y soltó mi ropa, en ese momento giro completamente su cuerpo y me miró fijamente con aquel gesto de ceja levantada que me hacía cuando algo no le parecía bien.
— ¡Ah no! Esa mirada no por favor
— Te dije, te dije ¡Vámonos! Pero no —Marta estaba molesta y asustada, gritaba como una demente en el medio de la calle y yo no hacía sino escuchar con los ojos cerrados aquel sermón. — ¡La señorita quería jugar a los investigadores! ¡Casi me muero de un susto allí dentro y para más colmo te traes esos papeles de esa casa!
En ese momento no me había ni percatado que en mi mano aun apretaba la carpeta que había tomado del suelo cerca de la chimenea.
— No es para tanto… lo siento —baje la mirada y quise intentar enmendar las cosas haciéndole una carita de culpa a Marta pero no hacía sino extender la curvatura de la ceja en su rostro. — ¿Perdóname si?
— ¡Bah…! —Marta se dio la vuelta y comenzó a caminar por la avenida rumbo a su casa. Siempre que le hacia esa cara su enfado bajaba un poco. — Mañana me tendrás que dar tu almuerzo en el instituto ¡Buenas noches!
Su figura se fue perdiendo en la oscuridad. Había sido extraño todo aquello pero a la vez me pareció divertido. ¿Un posible inquilino en aquel lugar o acaso habrá sido obra del viento haciendo rechinar la madera? De cualquier forma había algo más importante ahora:
— Do… Fa… ¿Y esta…?
Sí que eran partituras sin embargo la oscuridad de la noche no me dejaba ver nada, sería mejor llegar a casa y descansar. Guardé aquellas hojas en mi mochila y di rumbo al norte por la carretera. Algo había descubierto y sería mejor descifrarlo cuanto antes...
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