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— ¡Luna! —Marta me sacudía como una piñata y yo apenas volvía a la realidad. — ¿Qué te ocurre? Llevas toda la mañana así.
— No he dormido bien.
— ¿Otra vez el mismo sueño?
— Si.
Desde aquella noche el sueño se seguía repitiendo una y otra vez: la imagen del hombre luchando por correr hacia Elissa, la sensación de inmovilidad viendo desde el piso ahora encharcado de sangre y luego esa mujer entregándome el colgante, imágenes iban y venían, todo era confuso. Ese día mi madre me encontró llorando y sudando en la sala, no solamente habia soñado sino que además había deambulado sonámbula por los alrededores de la planta baja de mi casa. La situación se siguió repitiendo los días consecuentes y apenas podía mantenerme despierta en clases.
— Ya es Miércoles Luna. —Marta me abrazó e hizo caricias con su mano en mi cabeza. — Ten por seguro que esos sueños desaparecerán.
— ¿Y si no lo hacen? —Me separé bruscamente de ella y la mire fijamente. — Algo ocurre Marta y mientras más cosas descubro siento que los sueños se vuelven más reales.
— Casi no puedes mantenerte despierta, debes descansar.
Marta me conocía más que nadie y sabía que no me encontraba bien pero era difícil dormir cuando tenías imágenes de personas muertas contándote historias una y otra vez en tu cabeza.
— No puedo —dije mientras sacaba las partituras de mi bolso. — Mira esto, cada día que pasa escribo algo nuevo en las partituras, solo que no lo hago conscientemente.
— A ver —Marta tomó las partituras y las hojeo varias veces. — ¿Son notas musicales?
— Si. Es como si las escribiera en sueños.
— Tu madre dijo qué has estado sufriendo de sonambulismo.
— Eso no explica que pueda escribir notas musicales durante ello, es casi imposible. Además —le arrebaté las hojas a Marta y las ordené. — Si las visualizas así, siguen una secuencia musical.
Le entregué nuevamente las hojas a Marta y ella observaba extrañada todo aquello. A pesar de no ser intérprete musical había pasado años intentando comprender y leer partituras por lo cual le era fácil identificarlo.
— ¿Estás segura de que estabas dormida? —contestó ella.
— No recuerdo nada al respecto. —respondí, justo antes de tomar una de las hojas.
— ¿Lo has tocado?
— No tengo piano lo sabes y el más cercano está a muchos kilómetros de distancia, a menos que quieras ir a la mansión. Además, aun le faltan notas para que sea una tonada completa.
Marta negó con la cabeza y luego suspiro, mientras ella seguía hojeando las partituras yo por mi parte cerraba los ojos una y otra vez, el cansancio me ganaba pero temía volver a tener aquel sueño.
— Toca para mi una vez más…
— ¿Qué dijiste? —abrí los ojos rápidamente y miré a Marta quien extrañada levantó su ceja prominente.
— Dije que quizas exista algun familiar cercano de los dueños de la mansión. —Marta se levantó y me devolvió las hojas. — ¿Vamos?
— ¿Ha donde? —pregunté.
— ¿Cómo que ha donde? —respondió ella. — A los archivos de la biblioteca. Alli seguro hay algo.
Tomamos el primer bus fuera del instituto, yo aun estaba soñolienta y la realidad se seguía desdibujando con los recuerdos. Me imaginaba lo mucho que debió haber sufrido aquel hombre. Los sueños, expresaban claramente que había una gran apreciación de su parte hacia la señora Elissa, podría jurar que en los mismos aquel hombre estaba enamorado de ella.
— Buenos días señoritas. —ya en la biblioteca, la señorita Diana nos recibió como de costumbre. — ¡Que cara Luna! Deberías descansar.
— No se preocupe señorita Diana. —dije. — Me he estado desvelando haciendo tareas es todo.
— ¡Señorita Diana! —Marta gritó y la bibliotecaria le regaño, las tres reímos. — Lo siento. Queria saber si existe algún archivo con la lista de familias de hace al menos 8 décadas de la ciudad, es para un trabajo de historia.
— Si claro. —respondió. — Permíteme revisar.
Diana sonrió y fue a revisar al computador, Marta por su parte me miraba y me hacía un guiño tras decir tan infantil mentira. Apenas y prestaba atención a lo que ocurría alrededor.
— Pues sí que hay información. —dijo la recepcionista al tiempo que volvía hacia nosotras. — Vayan al fondo del pasillo, ala este, corredor 3. En la tercera hilera de abajo hacia arriba encontrarán los archivos del pueblo referente a ello.
— ¡Gracias Diana! —Marta volvió a gritar y nuevamente fue silenciada por personal de la biblioteca. — Lo siento. Vamos Luna.
La tarde transcurría lentamente. Hojeaba los libros con apenas mirarlos, prefería que fuese Marta quien se encargará de todo esto mientras yo me acurrucaba en un rincón del pasillo.
— Son demasiados apellidos. —dijo, mientras revisaba libros polvorientos y carpetas viejas. — Si al menos estuviesen ordenados alfabéticamente seria más facil buscarlo.
Uno tras otro los libros salían de la estantería y empezaban a aglomerarse en el suelo. Yo ya había soltado lo poco que había revisado y termine por escuchar música en mi móvil mientras observaba el colgante que tenía en mi cuello. Mientras tanto, Marta seguía hojeando libros e intentando identificar y dar busqueda al apellido de la familia de Elissa.
— Czerso. —dijo ella, al son que señalaba una hoja de un libro. — Aqui esta.
— ¿Qué dice? —mi corazón comenzó a latir fuertemente impulsado por el descubrimiento de Marta.
— Pues es un árbol genealógico. —contestó. — Al parecer la señorita Elissa no dio a luz nunca, sin embargo aquí dice que tuvo un hermano.
— ¿Un hermano? —pregunté.
— Si. Marcos Czerso, nacido el 4 de Julio de 1890, era el hermano mayor de Elissa, hijo de el conocido doctor Ruben Czerso y su esposa Cleotilde Parren. Para el año 1918, a la edad de 28 años, se casó con Leonor Ogarren.
— ¿No dice nada respecto a la mansión?
— La única información referente es que se fue a vivir al norte con su esposa y dos años más tarde vuelve a la inauguración de la casa de su hermana Elissa, quien para entonces cumplia 25 años el 15 de Agosto de 1920.
— Elissa era muy joven...
Intente mirar los archivos para ver si existía alguna información adicional, sin embargo, los mismos resultaban ser pequeños textos con apenas los nombres de los pobladores y una que otra descripción. En aquel entonces debió ser difícil recolectar datos en un siglo en el que la tecnología era poco avanzada para no decir nula.
— Hay una descripción más aquí Luna. —dijo Marta, acercándome el libro. — Tras la muerte de la señora Elissa Czerso el 17 de Agosto de 1920, el joven Marco Czerso decidió permanecer en el poblado para atender los asuntos económicos de índole familiar, sin embargo, los mismos no lograron ser solventados y la parte de la herencia familiar correspondiente a la señorita Elissa Czerso queda congelada en los bancos de la nación hasta resolver el asunto, después de esto el señor Marco decide irse a vivir con su esposa quien 15 años más tarde, el 2 de Marzo de 1935 da a luz a su primogénito Leonel Czerso. 40 años más tarde, el señor Leonel Czerso Ogarren vuelve a la ciudad a la edad de 25 años y hace adquisición de una vivienda, estableciéndose en este poblado.
— ¿Es todo? —pregunté.
— Calma, tenemos una dirección. —respondió Marta. — Avenida Louder con calle 14, casa numero 025-A.
Pensé por un segundo sobre aquella dirección tan familiar, ya la conocía antes e incluso ambas habíamos estado en ese lugar.
— ¿Quieres decir que el hombre se mudó justo al lado de la mansión? —dije, sorprendida.
— Pues eso parece. —contestó Marta mientras anotaba la dirección y los nombres en una libreta.
— Debemos ir allí cuanto antes, es la única pista.
— ¿Crees que siga vivo? Es decir, debe tener 65 años.
— No lo sabremos hasta que estemos en ese lugar. — Tomé mis cosas y me levanté un tanto tambaleante, el sueño me estaba ganando la partida. — Si alguien conoce más sobre la historia de la familia es un miembro de la misma.
— ¡Aguarda Luna!
Caminé hasta la entrada de la biblioteca y me despedí de la señorita Diana. Cada vez eran más las cosas que me llevaban a descubrir este misterio y el hecho de tener la posibilidad de conocer al sobrino de la señorita Elissa podría descifrar una enigmática parte del rompecabezas. Apreté fuertemente el collar y lo guarde por dentro de mi franela, luego tome el bus dirección a la avenida Louder. Solo era cuestión de tiempo para descubrir al autor de la Sonata y saber de una vez por todas que llevó a tan trágico final la vida de la señorita Elissa.
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