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— Czerso.
— ¿Estás segura que deberíamos tocar el timbre?
— No lo sé, pero es lo único que tenemos.
La casa era más bien pequeña, podría pensar que nadie vivía allí con lo mal cuidada que estaba, pero la dirección era esa y en el buzon decia claramente el mismo apellido de aquella familia.
— Mejor vámonos. —Marta no podía dejar de mirar las plantas secas y lo mal que se encontraba la madera. — Puede que no esté, además es tarde.
— ¿Buenas tardes? —antes de que Marta pudiera jalar de mi, un hombre ya abría la puerta de aquella pequeña casa y se sorprendió al vernos allí paradas. — ¡Oh! Jovencitas ¿Que les trae por aquí?
— ¿Señor Leonel?
El señor me observó con premura y se colocó unos anteojos que sacó de su bolsillo para poder mirarnos mejor.
— Sí, —contestó. — ¿Qué les trae por aquí?
— Pues verá nosotras.
— ¡Hemos estado investigando sobre la historia local para una de nuestras clases! —Marta apenas me dio tiempo a contestar antes de tomar ella la palabra. — Nos pareció interesante la historia de la mansión de aquí al lado y hemos descubierto que usted es familiar directo de sus antiguos dueños.
—¡Vaya!
El hombre miró con detenimiento a Marta y luego me miró directamente a mí antes de respirar profundamente y sonreir.
— Ustedes han de ser las chicas que han estado entrando a la mansión de tía Elissa. —dijo. — Deberían pasar y asi conversamos mejor esto.
Dejó la puerta abierta y se perdió en la oscuridad de su interior. Miré a Marta quien ya levantaba su prominente ceja y daba unos pasitos hacia atrás, yo sin embargo di un paso al frente y entré a aquella casa.
— Luna que haces. —Marta me siguió y susurraba a mi oído mientras caminábamos hasta lo que parecía la sala. — No sabemos siquiera si es un pervertido o algo por el estilo.
— Tranquila Marta. —respondí. — No parece un mal hombre, además, es un señor mayor. ¡Mira esto!
La pared estaba repleta de fotografías antiguas, en ella se reflejaban personalidades que probablemente debieron ser familiares de el señor Leonel.
— Luna. —Marta señalo una foto un poco más allá. — ¿Esta no es la señora Elissa?
— Era hermosa. —una voz nos sorprendió por la espalda, al girar nos percatamos que el señor Leonel se encontraba con 3 cafés en una pequeña bandeja plateada. — Lamentable que no pudo vivir una vida completa.
Tras decir esas palabras, el señor Leonel camino y se sentó en un mueble de cuero a la luz de una pequeña lámpara. Acto seguido nos invitó a sentarnos haciendo seña a otro mueble que estaba justo al frente.
— ¿Y bien? —preguntó. — ¿Qué desean saber sobre mi pequeña familia?
— Pues vera. —contestó Marta.
— Hemos estado investigando un poco y hay un par de dudas respecto a lo que le ocurrió a la señorita Elissa. —esta vez fui yo quien se adelantó. El corazón me latia rapidamente y queria saber cuanto fuera al respecto. — ¿Cómo ocurrió el incidente? ¿Por qué nadie notó nada? y sobre todo ¿Quién fue el asesino?
— ¡Luna!
Me percaté que mis preguntas habían sido un tanto frontales respecto al tema, en ese momento no hice sino ruborizarme y encogerme de hombros en el mueble tomando uno de los café que el señor Leonel había traído. Sentia que habia creado un abismo entre aquel hombre y nosotras.
— No tienes de qué sentirte avergonzada jovencita. —dijo él. — Mi tía era una mujer poderosa, había logrado invertir de una manera perfecta. La industria de la música había sido su área y día a día conseguía nuevas formas de aportar al avance y conocimiento de artistas que prontamente se convirtieron en grandes personalidades. —
— Increible.
— Si. Lastima que su mundo como emprendedora musical no durará mucho.
Leonel se levantó rápidamente y fue hasta un armario que se encontraba en un lado de la sala, poco a poco fue tomando libros y dejándolos a un lado. Revisaba varias carpetas intentando dar con algo.
— ¿Dónde lo habré dejado? —se dijo a sí mismo. — ¡Aquí está!
Pudimos observar cómo abría un pequeño portafolio y sacaba una serie de fotografías y papeles de diferentes tipos.
— Lo último que pudimos rescatar entre todo lo que se perdió fueron estos documentos. —dijo, mientras nos daba unas fotografías. — Durante el último año de vida, tía Elissa había estado trabajando en el desarrollo de un joven, un músico excepcional.
— ¡El pianista! —contestó Marta.
— Veo que han leído un poco. —respondió él, sorprendido. — Pues sí jovencita, tia Elissa había estado cuidando de un joven pianista, era una maravilla para la música de aquel entonces, hasta el abuelo Rubén se sorprendía de sus dotes.
— Aguarde. —dije. — ¿Quiere decir que el doctor Rubén Czerso seguia con vida?
Durante nuestras investigaciones nunca habíamos dado con algún documento que diera fé de algo así, de hecho pensábamos que las riquezas de la familia ya habían sido repartidas a ambos hijos del doctor.
— ¡Pues claro! —respondió. — El abuelo era el principal benefactor de aquellos actos. Tia Elissa era su hija consentida y no se perdia ningun recital de sus descubrimientos.
— Pensamos que el señor Czerso había muerto. —dijo Marta, observando las fotos en las que se mostraba al señor Rubén en aquella mansión abrazando a su hija. — ¡Es increíble!
— ¿Y con respecto al asesino? —no podía dejar de insistir en saber más sobre lo sucedido aquella noche en que murió la señorita Elissa, los recuerdos de mis sueños iban y venían en mi mente. — ¿Cuál era su nombre?
El señor Leonel se quitó los anteojos y de su bolsillo sacó un pequeño pañuelo de seda el cual frotó en cada uno de sus cristales, posterior a esto volvió a su mueble de cuero y se dejó caer en él.
— Su nombre era Jean Luca Cibeles. —contestó entonces. — Era el último descubrimiento musical de tía Elissa.
— ¿Y que paso luego? —Marta había dejado de ojear los documentos y ahora observaba con atención el rostro del señor Leonel. Su café se enfriaba y decidió tomar un sorbo.
— Comenzó siendo un simple criado de la mansión, o al menos eso contaba mi padre, yo aún era muy joven. —respondió. — Mi tía, quien le tenía mucho aprecio, le descubrió tocando el piano en el piso superior y quedó encantada por su curiosidad.
— ¿Fue entonces cuando decidió educarlo como pianista? —pregunté.
— En efecto.
Al menos ya habíamos descubierto el nombre real del músico: Jean Luca Cibeles. Era extraño pensar que alguien con tan bonito nombre y tal capacidad para tocar el piano fuese un asesino.
— ¿Pero si era tan bueno por qué asesinarla? —Marta ya había dejado todo a un lado y observaba boquiabierta al escuchar el relato.
— Obsesión. Jean Luca se había enamorado perdidamente de mi tía, pero al no poder poseerla quiso que nadie más la obtuviera.
— ¡Que horrible! —contestó Marta.
— Mi padre se encontraba muy devastado y mi abuelo murió poco tiempo después a causa de la depresión.
¿Un romance? Pensar en algo como esto le daba mayor sentido a los sueños que había estado teniendo y me hacían entender mejor el por qué de las emociones que sentía al estar atrapada en cada uno de ellos.
— ¿Qué ocurrió con el hombre? ¿Por qué nunca terminaron la investigación señor Leonel? —pregunté insistiendo en el tema.
— No lo sé. Mi padre nunca me contó al respecto.
— ¿Por qué Marco nunca quiso contar la verdad de todo?
— ¿Disculpe? —el señor Leonel se exalto un poco y se inclinó hacia adelante para mirarme fijamente.
— ¿Qué?
No sabía exactamente qué había dicho, por un segundo me sentí en otra parte viendo desde lejos la conversación.
— Disculpe señor Czerso. —Marta se levantó y tomó sus cosas. — Ha estado muy cansada, ya deberíamos irnos.
Ambas nos levantamos y caminamos hasta la entrada de la casa. El señor Leonel venia detrás y aun nos miraba, analizando aquel comportamiento.
— Gracias por su atención, nos servirá para nuestra tarea de historia. —dijo Marta tras darle un beso en la mejilla. — Es usted un hombre muy educado.
— Pues, gracias a ustedes por interesarse en la historia de este anciano. —respondió tras dedicarnos una sonrisa. — Pueden volver cuando deseen.
La puerta se cerró tras nosotras y yo aun seguia pensando sobre qué exactamente había dicho. Marta caminaba a mi lado levantando su ceja y esperando una respuesta de mi parte.
— ¿Qué ocurre? —dije intentando comprender.
— ¿Qué se supone que fue esa pregunta? —respondió ella. — ¡Acusaste a su padre de ocultar algo!
— Lo siento Marta. Te juro que no recuerdo haber dicho nada.
— Deberías descansar Luna, todo esto te va a causar problemas de salud si sigues asi.
No entendia que habia pasado exactamente pero en aquel momento me había sentido como en aquellos sueños que había estado teniendo constantemente, era irreal pensar en toda esta situación.
— Tomare el consejo Marta. —caminé hasta la parada de bus y observe como ya uno se acercaba hasta aquí. — Te avisare si descubro algo más.
El bus se detuvo y lo aborde sin mirar atrás, Marta por su parte se quedó observando pero justo antes de arrancar pude verla lanzar algo por la ventana.
— ¡¿Qué pasa Marta? —grite por la ventana.
— ¡Guarda eso! —gritó ella. — ¡Te ayudará con la investigación!
Ante mí se encontraban las fotos de la casa del señor Leonel, al parecer con el apuro Marta las había tomado sin darse cuenta. Las guardé en mi bolso y continúe observando por la ventana todo a mi paso hasta llegar a casa.
— ¡Mira la hora Luna! —ya en casa, mamá me esperaba en la puerta, estaba un poco enfadada. — ¡Al menos un mensaje la próxima vez!
— Lo siento. —dije.
Entré casi sin mirarla y me dirigí directo a mi habitación, estaba muy cansada para si quiera bajar a cenar o discutir. Ya allí me dispuse a dejar mis cosas en la mesa y acostarme a dormir, no podía más y Marta tenía razón, debía descansar.
— ¡Mentiroso! ¡Mentiroso!
Voces iban y venían, para ese momento estaba consciente de que no era Derek o mamá quien gritaba, miré el reloj y ya marcaba las 4 de la mañana. Salí de la habitación y caminé hasta el final del pasillo justo hasta llegar a la escalera de la planta baja.
— ¡Dejala! ¡Alto!
Los gritos provenían de abajo. Fui a la habitación de Derek pero no había nadie en su interior. Hice lo mismo con mamá, vacía. Pense que quizas podria ser un ladrón y había problemas así que tome un bate de béisbol de mi hermano y me llene de valor yendo escaleras abajo.
— ¡Elissa!
— ¡Jean! ¡Ayudame!
Las palabras resonaron por toda la casa y me detuve al escucharlas. ¿Estaba dormida? No podía creerlo. De repente, todo se volvió oscuridad y vi claramente correr a la señorita Elissa frente a mi perseguida por un hombre completamente desconocido para mí. Detrás, el músico ahora conocido como Jean Luca buscaba detenerlo de cualquier forma.
— ¡Marco alto!
El sonido de las voces se aquietó, aquel sueño se desvaneció con el brillo del sol matutino en mis ojos. Miré el despertador el cual marcaba las 8 de la mañana, debía prepararme para un día más de clases, y contar todo lo sucedido a Marta cuanto antes. Algo extraño había pasado en aquella mansión y de alguna forma mis sueños buscaba develar que era.
Historia y contenido realizado por mi persona. Músicas, artistas varios en enlaces.
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