Una introducción necesaria
No es solo que hayan ganado un solo partido de cuatro. Es la pobreza absoluta del juego mostrado, la cantidad de errores imperdonables y la imagen de la mala preparación que dejaron en un torneo que, de paso, ni siquiera merece el nombre que ostenta, pues solo participaron equipos de Estados Unidos, México, Nicaragua, Cuba y un invitado de Taipéi de China. Potencias como Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico ni siquiera estuvieron presentes. Y aun así, fuimos un desastre.
En esta publicación no busco matices. Daré mis consideraciones sobre lo que considero, la peor actuación de un equipo de béisbol cubano en cualquier torneo internacional al que hayamos asistido.
Inicio victorioso, pero…
El primer partido fue contra el invitado CTBC Brothers de Taipéi de China. En ese encuentro, el equipo mostró algo de reacción: tras ir perdiendo 5-0, logró remontar y ponerse arriba 8-6 hasta el octavo inning, donde les empataron. En el noveno, ganaron por una carrera (9-8).
Esa victoria, más que un mérito, fue un espejismo. Muchos creyeron ver algo positivo. Lo peor estaba por llegar.
Comienza el desastre
Los dos partidos siguientes fueron un descenso a los niveles más bajos de los que hayamos vivido en este deporte. Estados Unidos (Kane County Cougars) y Nicaragua (Dantos de Managua) nos bajaron a la realidad con sendas palizas: 9-0 y 16-6. Pero nada, absolutamente nada, nos preparó para lo que vendría después.
Lo peor de la historia
Lo ocurrido el sábado 28 de marzo de 2026 no tiene precedentes en la historia del béisbol cubano. Es la humillación más grande que jamás haya sufrido un equipo de nuestro país. Los Diablos Rojos de México nos ganaron 36 carreras a 13. En un solo partido, nuestros lanzadores permitieron 29 hits, 6 jonrones y otorgaron 19 bases por bolas.
En solo cuatro partidos, el equipo de Matanzas permitió 69 carreras y regaló más de 35 bases por bolas. Cifras que no se ven ni en ligas recreativas.
A modo de conclusión
No se puede justificar con la supuesta juventud del equipo. La mayoría de estos peloteros tienen experiencia en ligas extranjeras y han jugado béisbol de nivel. Lo que ocurrió no fue falta de talento: fue falta de preparación, falta de disciplina táctica, falta de respeto por la camiseta que vestían.
El desempeño de los Cocodrilos de Matanzas en la Liga de Campeones de Béisbol 2026 no es solo una mancha en la memoria deportiva cubana. Es un síntoma. La derrota 16-6 ante Nicaragua y el escandaloso 36-13 frente a México no evidencian una simple diferencia técnica: evidencian el colapso de una serie nacional que lleva años degradándose. Lo que vimos no fue un mal día; fue la consecuencia lógica de una estructura que prioriza la inmediatez sobre la formación, que ignora las exigencias del béisbol moderno y que parece vivir ajena a la realidad internacional.
Estos resultados, ridículos para cualquier torneo que se llame de élite, exponen carencias profundas en el pitcheo, la defensa, la preparación física y, lo más grave, la capacidad de reacción táctica y emocional. Pero lo verdaderamente preocupante es la normalización de las actuaciones discretas en escenarios internacionales. Ya no es una excepción; es un patrón.
Matanzas no perdió: fue arrasado. Y con él, el ya maltrecho prestigio del béisbol cubano sufrió un golpe del que no parece haber conciencia ni voluntad de recuperación. Si esta actuación no obliga a una revisión estructural urgente —no a parches, no a discursos— entonces estaremos condenados a repetirla. Y lo que está en juego no es un torneo menor: es la dignidad de una tradición deportiva que algún día supimos hacer respetar.
Créditos: Utilicé el traductor DeepL Translate.
ENGLISH
A Necessary Introduction
I can find no other way to describe the performance of the Matanzas team, which represented Cuba in the so-called Baseball Champions League of the Americas, recently held in Mexico. And no, this isn't an emotional outburst: it's a cold, hard judgment, based on the facts.
It's not just that they've won one out of four games. It's the sheer poverty of the game on display, the number of unforgivable errors, and the image of poor preparation they projected in a tournament that, by the way, doesn't even deserve its name, since only teams from the United States, Mexico, Nicaragua, Cuba, and a guest team from Chinese Taipei participated. Powerhouses like Venezuela, the Dominican Republic, and Puerto Rico weren't even present. And yet, we were a disaster.
In this post, I'm not looking for nuance. I'll give my opinion on what I consider the worst performance by a Cuban baseball team in any international tournament we've ever attended.
A victorious start, but…
The first game was against the visiting CTBC Brothers from Chinese Taipei. In that game, the team showed some fight: after trailing 5-0, they managed to rally and take an 8-6 lead until the eighth inning, when the other team tied the game. In the ninth, they won by one run (9-8).
That victory, more than a merit, was a mirage. Many thought they saw something positive. The worst was yet to come.
The disaster begins
The next two games were a descent to the lowest levels we've ever experienced in this sport. The United States (Kane County Cougars) and Nicaragua (Dantos de Managua) brought us crashing back to reality with crushing defeats: 9-0 and 16-6. But nothing, absolutely nothing, prepared us for what was to come.
The Worst in History
What happened on Saturday, March 28, 2026, is unprecedented in the history of Cuban baseball. It is the greatest humiliation a team from our country has ever suffered. The Diablos Rojos of Mexico beat us 36-13. In a single game, our pitchers allowed 29 hits, 6 home runs, and issued 19 walks.
In just four games, the Matanzas team allowed 69 runs and issued more than 35 walks. Numbers you don't even see in recreational leagues.
In conclusion,
The supposed youth of the team cannot be used as an excuse. Most of these players have experience in foreign leagues and have played at a high level. What happened wasn't a lack of talent: it was a lack of preparation, a lack of tactical discipline, a lack of respect for the jersey they wore.
The performance of the Matanzas Crocodiles in the 2026 Baseball Champions League is not just a stain on Cuban sporting history. It's a symptom. The 16-6 loss to Nicaragua and the scandalous 36-13 defeat against Mexico don't simply reflect a technical difference: they reveal the collapse of a national series that has been declining for years. What we saw wasn't just a bad day; it was the logical consequence of a structure that prioritizes immediate results over development, that ignores the demands of modern baseball, and that seems to live detached from international reality.
These results, ridiculous for any tournament that calls itself elite, expose profound deficiencies in pitching, defense, physical conditioning, and, most seriously, tactical and emotional responsiveness. But what is truly worrying is the normalization of lackluster performances on the international stage. It's no longer an exception; it's the norm.
Matanzas didn't just lose: they were crushed. And with them, the already battered prestige of Cuban baseball suffered a blow for which there seems to be neither awareness nor a will to recover. If this performance doesn't force an urgent structural overhaul—not just stopgap measures, not just empty rhetoric—then we are doomed to repeat it. And what's at stake is not a minor tournament: it's the dignity of a sporting tradition that we once knew how to command respect.
Credits: I used DeepL Translate.