Muy bien -Dijo firme y se puso de cuclillas- Es una lástima, eras tan preciosa -Una sonrisa cínica se forma en el rostro de aquella persona, mientras que con su mano derecha acaricia la, aún tibia, piel de una joven mujer tendida sobre las hierbas.
Toma una gruesa cuerda que dejó tirada cerca del cuerpo, rato antes de que todo pasara, y comenzó a amarrarle el torso fuertemente, dejando una extensión de cuerda libre . Al finalizar los nudos arrastró el cuerpo, y lo llevó hasta la orilla del río donde le esperaba un pequeño bote. La sube en él y comienza a remar con calma mientras que en su mente tararea alguna melodía.
Al llegar a la mitad del río, donde la profundidad es mayor, se levanta y toma lo que se encuentra debajo de uno de los asientos, un par de pesas. Juntas tienen mayor peso que el de el cuerpo de la inmóvil señorita. Las colocó en el extremo de la cuerda que había sobrado.
Ya está listo, se terminó -susurra con serenidad- En verdad no sabes cómo me duele, pero a pesar de todo resultaste tan fácil como todos decían. -Sonríe- Espero que sepas nadar querida.
Su cuerpo se hunde rápidamente sin dejar rastro alguno. Todo lo que fuiste, todo lo que pudiste llegar a ser. Todo llego a su fin. Es una pena.
¿Quién era ella? Al parecer eso no importaba, pero, por algo esta persona sobre el bote quiso deshacerse de la aquella mujer. Cuáles eran sus asuntos; los motivos que la llevaron a ella a ese triste final. Sus relaciones.
Algunas preguntas sin respuestas carecen de importancia ahora, porque, después de todo, ya todo está hecho.
Aún de pie echa la cabeza hacía atrás y mira la luna.
Solo tú y yo sabemos lo que ocurrió aquí.