Solo tenía meses de nacida cuando el chavismo llegó al país; es el único tipo de gobierno que he podido vivir, así que no sé muy bien a qué se refieren cuando me dicen que antes Venezuela era mejor. ¿Qué tan mejor era? Y, peor aún, se me hace imposible imaginar cómo un docente, con sus bonos de vacaciones, podía amoblar toda una casa; esas cosas me resultan difíciles de creer.
Puesto que, a mis 28 años, no tengo esa capacidad adquisitiva de “la que existía antes”. Este diciembre, por ejemplo, mi mayor logro fue montar un tanque, unos cuadros, unas gavetas… de plástico, porque las de madera son más caras y un forro para los muebles, porque tapizar es carísimo. Y eso que me va relativamente bien.
Aun así, he tenido la oportunidad de conocer algo de mundo, lo cual me ha permitido tener una visión más global: la certeza de que sí existe algo diferente y de que, cuando uno no tiene una referencia real, puede limitarse bastante.
Siento que he pasado por tantas cosas…
En 2017, la situación económica fue tan difícil que tuve que dejar mis estudios universitarios y empezar a trabajar. En ese momento era habitual comer lentejas, sardinas y arepas de maíz pilado, porque conseguir algo tan sencillo como harina de maíz se había vuelto complicado. La escasez y las colas por comida eran infinitas.
Luego vino una pandemia, en la que tuvimos que adaptarnos al trabajo remoto, rezando para no enfermarnos, porque la situación en los hospitales era muy precaria.
Pero no todo ha sido negativo. También he tenido la oportunidad de viajar: más recientemente a Italia y España, y hace algunos años, con mi familia, a Perú, al Caribe y hasta a Cuba por el deporte.
Pude continuar mis estudios en otra universidad gracias a una beca.
Tengo un hogar donde vivir dignamente y comida en mi mesa cada día.
No he dejado de vivir experiencias agradables, como la de viajar; no porque sea rica ni porque todo me haya resultado fácil, sino porque muchas de esas oportunidades se han dado de manera providencial, en el momento justo y de formas que no siempre se pueden explicar solo con números.
Y ahora, parece que estoy viviendo la posible transición de aquello que he conocido toda mi vida hacia la “libertad”.
Para mí, la libertad es la capacidad de elegir y actuar según la propia voluntad, y aquí, lamentablemente, la hemos perdido. Pero ¿seremos capaces de expresarnos sin miedo a las repercusiones dentro de dos años?
Muchos jóvenes han perdido la vida por esta causa; muchos más han emigrado. En este nuevo escenario, la pregunta es inevitable: ¿qué pasará ahora? La angustia es grande. A veces uno quisiera tener una bola de cristal para saberlo, pero lo único que queda es confiar, ser prudentes, cuidadosos y responsables, con la fe puesta en Dios.
Tampoco escribo desde el resentimiento ni con la intención de culpar a un gobierno por esta situación de vida. En este mismo contexto ha habido personas que han logrado salir adelante, construir estabilidad y alcanzar el éxito, y sería injusto negarlo.
Dentro de dos años tendré 30. ¿Mis futuros hijos conocerán algo distinto? ¿Verán una Venezuela de abundancia? ¿O seremos uno más de los miles que tuvieron que irse? No lo sé. Tengo demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.
Solo sé que, cuando escuché ese avión pasar sobre mi edificio, seguido de las explosiones, entendí que algo estaba ocurriendo. No sentí alegría ni tristeza, sino una incertidumbre aún más profunda que la que ya cargaba.
Esta es la historia de muchos jóvenes como yo, que crecimos sin referencias de estabilidad, aprendiendo a sobrevivir antes que a soñar, cargando el peso de circunstancias que no elegimos. No pedimos actos de magia ni promesas vacías, solo la posibilidad real de elegir, de construir un futuro sin miedo, de vivir sin tener que irnos para poder ser.
Tal vez no tengamos todas las respuestas, pero seguimos aquí: observando, discerniendo y esperando con prudencia. Porque, aunque la incertidumbre sigue siendo grande, también lo es la esperanza de que algo distinto sea posible. Y mientras ese día llega, nos toca resistir con dignidad, cuidar la vida y no perder la fe en que el cambio verdadero no solo se anuncia, sino que se construye.
Separator and banner: Designed by on Canva | Icons: Icons8 | Translator: DeepL