¡Hola de nuevo, amigos de la comunidad!
Tras mi presentación de esta madrugada, no he podido resistir la emoción de compartir con ustedes la verdadera razón por la que estoy aquí: mis letras. Hoy quiero abrir las páginas de mi primer libro, Ecos de mi alma, para ofrecerles tres poemas que nacieron en momentos muy distintos de mi vida, pero que comparten el mismo hilo conductor: el amor en todas sus formas.
Escribir para mí es un proceso de catarsis. A veces soy esa Penélope que espera, otras veces soy el fuego que consume la noche, y siempre soy esa luz que busca el final del túnel.
Espero que estos versos logren vibrar en su interior tanto como lo hicieron en el mío al escribirlos.
1. Pasó de largo
(Un poema sobre la espera y la melancolía de lo que no pudo ser)
Ahí estaba yo,
Penélope ansiosa, romántica y confiada,
esperando al amor con el corazón en vilo.
Lo vi venir, ¡era Él!
Con pasos cadenciosos y mirada de miel,
que prometía un mundo de sueños compartidos.
Quise correr a su encuentro,
mas me contuve, fiel a mi espera eterna.
Ya estaba ahí, a solo unos pasos de mí,
cerré los ojos, anhelando su beso ardiente.
¡Segundos eternos en esa larga agonía!
No se detuvo a mi lado,
no rozó mi alma ni mi piel...
¡¡Pasó de largo el amor!! > Dejándome en la orilla, con el eco de lo que pudo ser.

2. Sueño erótico
(La delgada línea entre el deseo, el pensamiento y la piel)
Te pienso,
a veces te pienso, o te sueño.
Cierro mis ojos
y te imagino cubierto de besos,
mis manos temblorosas de deseos
recorriendo tu cuerpo entero.
Siento humedad en las sábanas,
tu dulce aliento en mi piel...
Placeres sin fronteras,
y un “Te quiero” que se grita, ¡se grita sin miedo!
Así te pienso,
desnudo y viril,
voraz y tierno,
híbrido de león y cordero.
Manos como garras
que surcan mi espalda desnuda,
piel tersa y suave cual terciopelo humano.
Porque al abrir los ojos ya no te veo,
solo queda el recuerdo,
la humedad,
el fuego y el deseo.

3. Tú, mi delirio
(La entrega total y la esperanza que ilumina el final del camino)
Hacerte suspirar es mi delirio,
perderme en tu mirada tentadora,
y que vengas a mi lado ¡justo ahora!,
cuando las hojas del rosal no han caído.
Quiero ser tu eterna primavera,
florecer en tus brazos cada día,
embriagarte con aroma de jazmines,
y que libes de mi miel mientras te beso.
Eres volcán en erupción que quema,
amor lejano que aprisiona y encadena,
eres la luz que a mi corazón ilumina,
¡y al final del túnel me espera!

Gracias por detenerse a leer estos trozos de mi alma. Me encantaría saber: ¿Con cuál de estos tres sentimientos se identifican más hoy? ¿La espera, el deseo o el delirio?
Los leo en los comentarios.
Con amor, Idalidia Zaragoza ()