
De caminos desolados no sé porque mucha gente me he encontrado y me han acompañado. Pero el andar desolado ¡Eso sí!, andar son los pasos por ese camino y pocas veces han sido de a cuatro huellas.
Los nombres que cruzan mi camino son como los créditos del staff en las películas:
Se les ve pasar, algunos no logras retener en la memoria, de algunos quedan su trabajo en imágenes y otros existen por mero agradecimiento.
No dejan sus huellas al lado de las mías porque su paso o estadía es tan efímero que más bien levitan en lugar de andar, y eso está bien, ¡que no se diga que lo recorrido se lo debo a alguien!

De otoño sé.
Una imagen triste las calles barridas, que un árbol pierda sus hojas se compensa con la alegría del crunch-crunch que hacen al andar sobre ellas.
De dolor también sé.
Es mi estela personal. Por eso procuro mirar atrás lo menos posible.
La nostalgia te amarra a lo que ya no es, es llevar un ancla en el que te da tiempo para inspirarte con el paisaje y disfrutar del aparente confort de la quietud.
Pero mi espíritu tiene alas y mi mente es la aguja que no deja de apuntar al norte. Si es por navegar el cielo lo prefiero despejado.
Lo recorrido.
Si miro atrás no veo el suelo, allí abajo solo están mis huellas y mi sangre en cada roca o guijarro que vuelven a doler al recordar.
Mi mirada va siempre hacia arriba, donde se han quedado los nidos de mis ambiciones y a los lados están los rosales que han ido marcando la ruta.
Mi musa.
Los nidos que he ido dejando atrás, las rosas y las espinas a lo largo del camino pero sobre todo el hoy. Si me falta el hoy me quedo sin material para crear.
La inspiración la encuentro en cada detalle nuevo que dé color a mi presente, sea negro y opaco o fosforescente y vibrante.

Tú eres uno de esos rosales con rosas y espinas, sólo que de algún modo te las has arreglado para extenderte hasta el presente. Quizás porque no llegaste a levitar a mi lado, siempre preocuraste ser algo tan impersonal que te transformé en arbusto.
Nat Querido Diario
Sí, Otra Nat Más.