Algo había cambiado en Sofía. De ser una niña callada, de aspecto triste y desaliñado, pasó a ser una niña alegre, igual callada pero mucho más cuidadosa con su aspecto. Estaba por cumplir los trece años, su padre la veía con ternura pero también estaba algo preocupado. Una persona no cambia su manera de ser de la noche a la mañana.
Un día al regresar de la escuela, la detuvo para platicar con ella y así poder saber qué es lo que estaba pasando. Que tal vez ya tendría novio o algún amigo que la tuviera tan feliz pero como su madre se había ido de la casa le tocaba a él hablar de ciertas cosas.
Tienes algo que contarme le preguntó a Sofía tratando de no verse nervioso.
No padre nada, todo bien. Le contestó con una sonrisa desbordando de su rostro.
Días después su padre de nuevo intentó hablar con ella. Y Sofía entendiendo que tal vez su padre estaba preocupado decidió hablar con él del tema.
Tienes algún amigo o amiga del que quieras platicar conmigo.
No sabría decirlo, en ocasiones le hablo de él y en ocasiones le hablo de ella. Es la única persona que he encontrado con mi inteligencia, sin presumir por supuesto. Conversamos largas horas sobre temas filosóficos que las otras niñas no quieren ni saber. Conversamos sobre religión a un nivel que tan solo él o ella puede comprender. Hasta creo que estoy enamorada.
El padre estaba muy confuso pero cada vez más preocupado.
Pues tráelo cuando antes a la casa quiero conocerlo.
De qué hablas papá, él ya está en la casa. Le dijo con una mirada pícara e intrigosa.
Está en mi recámara Si quieres ven y te lo presento.
El padre apresuró el paso para llegar a la recámara. El amigo de Sofía estaba en un ordenador. Se trataba de una Inteligencia artificial...
Historia corta y fotografía