Esta historia comienza en un pequeño taller de artesanía, justo en el corazón de Maracaibo, donde el sol brilla como esa naranja enorme que domina el cuadro.
Ahí trabajaba Doña Carmen. Sus manos, manchadas de pintura de todos los colores posibles, eran las responsables de que las casas de su barrio, El Empedrado, lucieran tan alegres como esta pequeña obra de arte. Ella no solo pintaba casas de verdad; también creaba estas tablitas, estos pequeños cuadros, para que la gente se llevara un pedacito de la ciudad.
Un día, un joven llamado Miguel, que estaba a punto de mudarse al extranjero, entró en el taller. Estaba buscando algo que le recordara su tierra.
"Doña Carmen," dijo con voz algo triste, "me voy lejos. Necesito algo que me haga sentir el calor de Maracaibo cuando haga frío."
Doña Carmen sonrió, esa sonrisa de abuela que ya ha visto mucho. Tomó la tablilla de las casas de colores —casi idéntica a la de tu foto— y se la entregó.
"Mira bien, muchacho," le dijo. "Esta no es solo una imagen. Es un secreto."
Miguel, que esperaba una historia sobre la Basílica o el Puente, se quedó intrigado. "¿Un secreto?"
"Sí. El secreto de Maracaibo no está en el sol gigante, sino en el color de sus casas. La gente aquí pinta sus puertas de morado, sus ventanas de amarillo brillante, y sus paredes de verde limón, no solo porque es bonito. Lo hacemos porque cada color es un escudo contra la tristeza que trae el calor sofocante."
"Cuando te vayas, Miguel, y sientas nostalgia, no mires el sol grande del cuadro, que te dará más calor. Mira las casas. Piensa que cada color es la risa, el chiste, el abrazo de tu gente. Ese es tu pedacito de tierra, concentrado en una tablilla."
Miguel pagó por la artesanía, pero sintió que se llevaba mucho más que eso. Se llevó el secreto de Doña Carmen. Y cada vez que miraba el cuadrito, el color le devolvía el eco de su ciudad, el ruido del tranvía y la voz de su gente, sin importar lo lejos que estuviera.
Y así, una sencilla tablilla de madera y pintura siguió llevando el alma de Maracaibo a todos los rincones del mundo.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.