Mi hermano se fue sin despedirse el 17 de diciembre del pasado año.
Decidí finalmente sentarme a escribir sobre mis inquietudes e intereses a lo largo de mis años, debido a mi estado emocional me he refugiado en viejas y nuevas lecturas e investigaciones sobre la vida, la muerte y “todo” aquello que pudiese “darme luz” y aliviar la pena. Creo que la muerte más allá del dolor que nos queda a quienes aún no hacemos el viaje, constituye básicamente La libertad del Alma, limitada en su templo de carne mientras hacemos las tareas en este plano terrenal.
Seguro que escribiendo puedo drenar, poner en orden mis ideas y evitar las lágrimas; las mismas que se alejan cuando pienso en mi hermano como un alma grande, de gran proyección y luz; pero que son inevitables cuando me encuentro con los recuerdos, con la personalidad; peor aun cuando pienso en cuales pudieron ser sus sufrimientos y angustias. Acá me vuelvo un “arroz con mango” cuando mezclo los que considero suyos, con los que pudo arrastrar de cada uno de nosotros, padres, hijos, hermanas.
Se me hace terrible imaginar lo que pensó, sobre todo lo que sintió cuando supo que moriría, que lo asesinarían…cuan largos fueron sus últimos minutos o segundos? Creo que una eternidad, hasta que en algún momento dejo de resistirse y entendió que no dolería… se aterró? Rezó? A quien invocó? Rogó por su vida? tal vez agradeció a los asesinos, a pesar de saber su muerte injusta. Era mi hermano un hombre bueno, de gran corazón y sentimientos mucho más grandes de lo que estuvo en capacidad de dar y compartir.
En algún lugar del infinito tu chispa divina continua en evolución y acercamiento al Gran Arquitecto, hermano mío. Nos volveremos a encontrar, mientras tanto sigo trabajando en transmutar mi tristeza en alegría…por la libertar de tu Alma.