fuente
Desenfrenadas caricias
yo vuelco sobre tu piel,
y dislocadas albricias,
se derraman como miel.
El perfume de tu ser
envuelve la habitación,
y el deseo en conjunción,
florece al oscurecer.
Se seducen las miradas
tus manos buscan mi pecho,
la pasión nos lleva al lecho,
con ansias desesperadas.
Las bocas viajan difusas
erosionando el placer,
el fuego comienza arder,
entre las mentes confusas.
Los pétalos de las rosas
acompañan el encuentro,
y las plegarias por dentro
retumban maravillosas.
Entre las llamas ardientes,
se despiden los pudores,
y se abrazan los amores
en danzares recurrentes.
Cantan bellas melodías,
cabalgando sin control,
y con los rayos del sol,
culminan sus ambrosías.