Con la siguiente historia busco compartir una revelación que me ocurrió a fines del año 2004, cuando me encontraba en las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela. Había terminado la carga académica, al fin…. y lo más importante, la tesis……!!!
Era noviembre y ese mismo mes defendería mi trabajo de investigación, así que había acudido a conversar con mi tutor, pero él no había llegado, y los bancos del pasillo de la Escuela de Historia estaban todos ocupados. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Ojalá los jóvenes que hoy cursan estudios universitarios puedan volver a disfrutar de la vida que se respiraba, que se colaba por todos los espacios de la Universidad, de todas las universidades, había vida, se sentía en todas partes.
A diferencia del resto de estudiantes, o al menos la mayoría, nunca me gustó sentarme en el piso, así que decidí pasar el tiempo de espera en la biblioteca de la Facultad. Por lo que acudí al área de lectura, donde no tienes que dejar tus pertenencias, de este modo, cuando se hiciera la hora de subir a la Escuela no perdería mucho tiempo.
Entre todos los libros y temas a escoger, una vez eché un vistazo a los estantes, me decidí por un voluminoso libro sobre uno de mis temas favoritos, la mitología. Les cuento que este tema, en especial la mitología griega, fue la razón que me llevó a inscribirme en la carrera. Pero para mi sorpresa, la historia de los griegos es un asunto marginal, al menos en las asignaturas introductorias. Se ubica dentro de la mención Historia Universal, mi preferida de todas pero, no así los profesores que estaban al frente de la misma. Fue todo un suplicio para el semestre que me tocó ver universal, salir adelante fue cuesta arriba, pero lo logré.
No me atreví a continuar por ese camino para averiguar si en algún punto de la carrera se hablaba sobre la mitología griega, algo me decía que de seguir por esa mención tardaría mucho más en graduarme, y esa no era la idea. Intuí que si quería saber sobre ese tema tendría que hacerlo por mi cuenta. Así que ahí estaba yo, luego de cinco largos años de carrera, a punto de terminar y leyendo por fin, mitología. Bien dice el dicho que nunca es tarde….
De todas las historias hubo una que me llamó poderosamente la atención, y fíjense no era griega… era una historia bíblica. Para mí que soy creyente, aunque en esa época lo menos que me interesaba era la religión, fue sorprendente encontrarme con ese relato, porque si bien era cierto que desde que salí del bachillerato hasta ese momento no creo haber vuelto a leer la biblia, de haber leído esa historia la recordaría. Sólo que en ese momento ignoraba otra cosa más, y es que dependiendo de la religión, quitan o agregan contenido a la biblia.
Por lo general, la biblia que tenía en mi casa era evangélica, ya que en las entradas de la universidad solían apostarse varias personas para regalarlas, de ahí que nunca me hubiese enterado que existía distintas versiones de la biblia, sé que el nombre que dan a Dios, no es el mismo para unas que para otras..
La novedad del relato hizo que la devorara en muy poco tiempo, que olvidara la entrevista con el tutor y que me surgiera la idea no sólo de corroborar la lectura, sino de algún día escribir sobre ella. No para que los no católicos se enteren de que existe, sino por la revelación, pues al termina de leer me quedó claro una cosa: que él también había amado. Como lo han hecho y siguen haciendo todos los hombres, mujeres, mortales al fin, con un amor terrenal y, por tanto, más mezquino que sublime, egoísta. Continuará