La incertidumbre había frenado mis palabras, mis versos y desvelos en que pensaba en ti; como bloqueado, en modo avión o en emergencia, así me encontraba mientras soñaba con hacerte sonreír, pero me llevé una sorpresa cuando te hice llorar, cuando me di cuenta que también piensas en mí tanto como yo te pienso a ti.
Estás aquí, a veces ausente y otras iluminando mis días con tu recuerdo pero siempre estás, y eso me encanta. Ahora tengo esta sensación de querer besarte, abrazarte todo el tiempo, sonreírte, escuchar mi nombre de tus labios; ahora mi mente se pregunta cómo frenarme, pero mi corazón me pide que acelere, que vaya a fondo porque de alguna manera sabe que vamos a un mismo destino, y me asegura que no hay nada que lo impida.
Ahora pienso mucho más en ti y en tus ojos, pues nunca conocí alguien como tú, jamás imaginé la dicha que has traído a mi ser, porque has sido como soñé, porque me encanta tu manera de ser, porque sé que me esperabas, no sé cómo, sólo lo sé; porque te ansiaba, te anhelaba y creo que eres tú quien yo quería desde siempre a mi lado.
Antes no sabía a dónde me dirigía, solo intentaba tomar el mejor camino pero llegaron tus ojos y lo cambiaron todo, todo; ahora, absoluta e irreemplazable te has vuelto en mis días, en las tardes y sobre todo por las noches justo antes de dormir, en mis tiempos libres y mientras trabajo, irrumpes sin permiso y a mitad del bullicio como el viento que viene y refresca todo el ambiente en una tarde de verano.
Antes te anhelaba, ahora también. Antes intentaba vivir, ahora disfruto vivir. Antes me dolían las canciones de amor, ahora canto para ti sin saber cantar. Antes soñaba con tenerte, pero ahora quiero más de ti y más de mi, más de nosotros.