Un impar de noches, bastoncitos de muzzarella, bares noctámbulos y olvido del tiempo. La pista de baile de dos baldosas, bailando descalzos sin importarnos la falta de coordinación, la silla mesa ratona, el humo como aire, los vasos de aquella cita, el sudor del hielo hinchando la madera, el sexo premeditado, el sexo repentino, el sexo en espera de más sexo, la cara de perversión, el domar ese rostro que te hizo peor que yo, dormir en mas poses que en el acto previo. Mirarnos, reposar en su pecho sin perder las ansias de besarlo y por un instante, ser ajeno. Tal vez eso fue todo y en verdad no estaría mal. Porque hubo un momento, un instante, en que eso lo fue todo, al menos para nosotros.