Me siento como una rama seca de un árbol cuyas hojas poco a poco van cayendo al suelo al ser azotada por el viento tan solo para rodar sin parar calle abajo, mi caminar es lento el peso de mi alma me ha encorvado el espíritu, me cuesta levantar la cabeza.
Los días pasan de una forma tan descontrolada que he perdido la capacidad de contabilizarlos me parece que ayer era lunes y hoy ya es viernes, el fin de semana se me perdió de mi calendario hace mucho tiempo, lo busqué y lo busqué infructuosamente pero no logré encontrarlo hasta que me di por vencido y mi atención se centró en otra cosa...
Salgo en la mañana y regresó por la tarde y cuando me pongo a meditar sobre lo que he hecho en el día de verdad no lo recuerdo, no sé cómo salí, donde estuve con quien hablé y mucho menos como regresé. Lo cierto es que ya estoy de nuevo en casa, algo así como por arte de magia…
Me voy a bañar, procuro mantenerme aseado, porque de verdad no sé en qué momento no pueda moverme definitivamente y ya no tenga la voluntad para asearme. No quiero que si se me llegan encontrar en cama, la gente diga que era un viejo desaseado…
La única compañía y mi amigo sincero que tengo es mi perro, el cual no me desampara un solo minuto. Creo que él es ese Guardián que hasta ahora no había descubierto, es quién me lleva y me trae, él es la magia por la que vuelvo a casa todos los días. Porque él sabe cuál es el camino a casa….
Al llegar a casa se sienta a observarme, creo que él ya sabe cuál es el proceso que está ocurriendo en mí, él me conoce y sabe que ya no soy el mismo, que he cambiado, que poco a poco me he ido perdiendo en el laberinto oscuro y sin retorno de mis dañadas neuronas….