Ella se asomó a la esquina. Se puso a llamar al tiempo así como cualquier abuela llama a su nieto callejero. Pero detrás de la esquina, nadie le respondió. Entonces, con lo que queda de luz en sus ojos, le dio un vistazo a la casa y se dio cuenta que el tiempo es ella misma. Saludo de la eternidad en una calle de Cachipo, municipio Aragua del estado Anzoátegui. Un poquito más allá, habita el silencio.