Ciertamente la naturaleza humana es contradictoria, hay personas que repudian las corridas de toros porque son crueles, pero a la vez piensan que el aborto es un derecho de la mujer.
Mientras el toro es un ser adulto con cuernos, peso, embestida, pezuñas y bravura, que representa un peligro en sus embestidas, y medianamente se puede defender. Una criatura en el vientre materno no puede presentar resistencia alguna porque más indefenso y acorralado en el cuerpo que debió prestarle seguridad, no puede estar.
Aquella, la noble bestia vivió y con él se comete un cruel asesinato con una agonía injustificable en nombre de un arte que muchos no terminamos de comprender. Pero lo cometido en el segundo caso es acto criminal realizado bajo la traición de la persona llamada por la naturaleza a ser su más fiel guardiana y protectora.
El toro no puede esperar compasión de su agresor, la distorsión de lo que llaman Fiesta Brava, lo impide, pero el feto es traicionado por la figura más sagrada para la mayoría de los mortales, a la cual de poder vivir, le prodigara uno de los más grandes amores, sino el que más.