Estamos como esclavos, atados al madero y golpeados en el patio de los azotes; el látigo lacera con furia nuestro estómago, las herida, los barrotes que aprisionan las alas, la miseria neutraliza el pensar, haciendo costumbre la mendicidad; exponernos al sol, al agua y al cansancio para que la recompensa sea un mendrugo, sin obtener el bálsamo que alivie los dolores.
Clamo a Dios y a su justicia, y de Dios ha de venir, pero mi esfuerzo por la libertad con la espada de un próspero futuro en alto, detrás del escudo de la divinidad es mi derecho y mi deber; Creo en Dios y en su justicia y sé que llegará, pero no me voy a acostar para esperarla, voy a salir a recibirla, voy a caminar y adelantar mis pasos por sus sendas, me voy a esforzar como EL me lo ha pedido; voy a vencer el miedo, y le voy a obedecer; pues me ha dicho, “se valiente”.