Hoy 8 de mayo de 2017 es un día especial para este viejo continente. Por eso yo también lo he elegido para ponerme en marcha.
Cuando era joven solía dibujar de vez en cuando. Hay quien dice que en realidad nunca fui joven... pero lo que sí es cierto es que de niño sí pasaba bastante tiempo entre lápices, acuarelas, ceras y rotrings. Rellenar con extraños personajes de formas deformes los huecos “libres de texto” en aquellos “libros de texto” era la evasión perfecta durante las horas de clase en el colegio. Seguramente sustituí ese vicio por otros por lo que esa predisposición natural a rellenar el papel con líneas y colores se fue atenuando. A pesar de ello, algo debe quedar latente. Por ejemplo, hace meses que en la puerta de mi despacho pegué sin pensarlo mucho un post-it de esos que relleno mientras hablo por teléfono. Pensándolo bien, quizás debería quitarlo.
Intentaré ir recopilando esos dibujos perdidos para ver si existe o no algún hilo conductor entre ellos. Además, intentaré recaer de nuevo en el vicio del lápiz, y para ello me obligaré a encontrar unos minutos cada 2 o 3 días para esbozar alguna idea que compartiré en este post. Serán bocetos sencillos, sin mucha pretensión artística por mi parte. Tened en cuenta que como alternativa podría salir a correr, podría apuntarme a yoga, podría apuntarme a clases de alemán, o podría aprender bailes de salón. La cruda realidad es que, siendo sincero, no pasaría del condicional, así que mejor probar con algún menú ya saboreado.
Hoy, la idea es estar y no estar a la vez. Estar, pero estar en movimiento. Estar, pero a punto de salirse del encuadre. ¿Hasta cuándo?