La Doña y su maestro Rojas
Ella vive en el centro de Caracas, frente a la Plaza Parque Carabobo, donde puedes apreciar en una fuente, las esculturas del maestro Francisco Narváez, que representan figuras de nuestros antepasados indígena e imágenes que me acompañaron durante tres décadas de paseos en aquella plazuela. Lo poco o mucho que se de ella, se debe a la relación que hicimos desde los años 90, tenía sólo seis (6) años de edad, y una pasión irrefrenable por rayar libros, cuaderno, pizarras, paredes, puertas y cualquier superficie que mis colores alcanzaran. Debo confesar que no recibí regaños de mi mami; quien dejó que, llenara mi vida de arcoiris, aunque contradictoriamente sólo me gustaba vestir de blanco y negro. Mi madre decidió, que, no repetiría la educación represiva de su niñez; pues mi abuela le prohibió dibujar. El arte en sus tiempos y más en los pueblos andinos, nunca fue muy bien visto, y se creía que sólo era para vagos y no era una labor económica productiva.
Esculturas de Francisco Narvaez, fotografia Anónima Fuente
Para no desviarnos del cuento, mi mamá dejó que, explorara la vida de acuerdo a los gustos y las pasiones que germinaban en mí, como lo fueron en un principio, dibujar y pintar. Un día me tomó de la mano; no sabía para dónde iba, ni siquiera lo que iríamos hacer, y, que ese corto recorrido de cruzar de una calle a otra, mi vida cambiaría para siempre, en una aventura, que, hasta el sol de hoy no acaba. En ese paseo mágico, la conocí a ella, su nombre de ese entonces era la Escuela de Artes Aplicadas Cristóbal Rojas. Ella reposaba dentro del Paseo José María Vargas, ubicado en la avenida Bolívar, dentro de la Parroquia San Agustín del Norte, su estructura era circular y rodeada de muchos talleres con máquinas de todo tipo, tornos, hornos de cerámica, caballetes, telas, pinceles, personas que en aquellos espacios llenaban todo de muchos colores, haciendo magias con sus manos, o por lo menos eso era lo que veía a mi pequeña edad. Ahí viví mis primeras aproximaciones artísticas, y llevó conmigo aquel recuerdo del primer taller que hice, donde realicé un primer barquito en una placa de yeso que luego imprimí en una hoja. Y ahora entiendo que ese barco refleja la primera de mis muchas aventuras.
Fotografía Maryori Cabrita o
Continuando con la historia de la escuela, a la pobre le tocó varias mudanzas; la primera vez que se supo de su existencia, era cuando habitaba en la esquina “El Cuño”, eso queda por la Parroquia Altagracia, y en los tiempos de la Caracas de los Techos Rojos -pero realmente nadie lo sabe- y pocos registros encontramos de su fundación, sólo especulaciones y la certeza de tres mudanzas acuestas. Su espíritu errante, que quizá parte de la relación con el apellido que lleva del Pintor venezolano, Cristóbal Rojas Poleo, nacido en Cúa, estado Miranda, el 15 de diciembre de 1858. La escuela llevará su nombre en honor a él, y me dice un amigo, que alguna vez leyó por ahí que, fue luego de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958.
Lo que sí es cierto, es que para quienes no conocen la Obra del Maestro Rojas, les comento sus pinturas caminaron por varios estilos desde el Posromanticismo, el Impresionismo, hasta llegar al Realismo (Hablamos del siglo XIX). Muchas de sus obras pictóricas me hicieron mirar esa otra cara de la vida, donde nace de profundas melancolías y tristezas humanas, y la pintura como una forma de comunicarnos lo trágica que puede ser las enfermedades y el sufrimiento.
Dejo para ustedes sus obras realizadas en Paris como:
“Primera y última comunión” de 1888
“El Violinista Enfermo” de 1886
La última que este gran maestro realizó fue “El Purgatorio”, para el párroco de la Iglesia “La Pastora en Caracas” antes de su muerte el 8 de noviembre de 1890.
Supongo que el legado de Cristóbal Rojas fue honrado en esas paredes, en la cual reposa su nombre como Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, protegiendo los sueños de muchos artistas y estudiantes de arte. ¡Y entre esos los míos, pues ahí conocí que la vida es arte y que el arte nace de la vida! Este año, 2018, la escuela cumplirá 60 años. ¡ella, ya es toda una Doña de las artes!
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