El café de la noche me quitó el insomnio de la tarde; odio dormir en las mañanas.
Adopté la costumbre de dormir a las 7:30 a.m para despertarme a las 2 de la tarde teniendo que trabajar a las 9p.m; mantra hecho verbo.
Dicen álter-egos por ahí que cuando sufres de insomnio, no distingues la ficción real de la realidad ficticia. Repites diálogos, escenas, escenarios, y hasta personajes. ¡Vaya usted a creer lo que he intentado para mantenerme dormido! Pastillas, infusiones, ilusiones e inclusive, una vez, intenté noquearme, ¡Lo juro! Ya no soporto estar despierto. Me pesa lo insoportable que se me ha tornado el convivir con gente nocturna; estos cuervos te sacan los ojos sin siquiera haberlos criados.
No obstante, no es muy distinto en mis sueños. Claro que allá soy el amo y supremo de todo y todos. Pero a veces, sólo a veces, ocurren ciertos incidentes un tanto realistas que distorsionan mi fantasía utópica. Cuervos y búhos acechan, se comen el pasto y las flores –oh, mis amadas Astromelias. Aleteando y riendo ¡DESPIERTA! ¡Vuelve a dormir! ¡TIENES QUE VIVIR!
No logro descifrar su mensaje. Ya he intentado de todo. Tengo que recuperar mis sueños, mantenerme despierto (¿O estaba dormido?). Sea lo que sea: tengo que recuperar mi sentido de la existencia.