Dean canta la canción y la descarga al PDA del carro de Karen, y como trae la letra de la canción, puedo saber qué dice:
“One pill makes you larger
And one pill makes you small
And the ones that mother gives you
Don't do anything at all
Go ask Alice
When she's ten feet tall
And if you go chasing rabbits
And you know you're going to fall
Tell 'em a hookah smoking caterpillar
Has given you the call
Call Alice
When she was just small
When men on the chessboard
Get up and tell you where to go
And you've just had some kind of mushroom
And your mind is moving low
Go ask Alice
I think she'll know
When logic and proportion
Have fallen sloppy dead
And the White Knight is talking backwards
And the Red Queen's "off with her head!"
Remember what the dormouse said:
“Feed your head
Feed your head
Feed your head”
Y después bajamos del carro casi sin decir nada; pero sumidos en la propia nota. El ascensor nos llevó al lobby del hotel. El botones que nos sigue parece conocer bien su rutina, lo suficiente como para saber que debe ignorarnos. Llegamos a la recepción y le digo que voy a la suite donde se encuentra Karen. La tipa teclea la información que le doy y encuentra un mensaje. Karen no estaba pero podemos subir. Recibo la llave y como no llevamos equipaje, ningún botones nos sigue. Julia empieza a reírse, como loca que es, aunque antes de montarnos en el ascensor está en esa paja. Llegamos a la habitación y abro la puerta. Todo tiene el sutil toque y fragancia que indica de que Karen ha pasado por allí. Yo la siento, lo cual es bastante incoherente pues no la veo desde las 6 de la mañana. Pero, también siento el paso de vero…ella… es tan fría está habitación y tan inmenso el mar.
— Julia, me siento mal. —le digo y es que el síntoma de todo lo que estoy enfrentando. En el fondo del abismo la oscuridad es la claridad absoluta. Creo que los tres estamos infectados de locura. También creo que Julia y Karen han quedado embarazadas y no han dicho nada y han abortado. Siento… que somos monstruos en un planeta de monstruos y estas chicas son exactamente iguales a mi. Estoy alucinando; pero nada indica que estoy equivocado.
El mundo se está ahogando en un mar de plasma, los edificios se incendian, disparos; a lo lejos, unos paracaidistas caen del cielo y aviones pasan rompiendo la barrera del sonido y caen bombas y todo explota. Julia me toma del brazo:
— Vamos, hay que vestirte, tengo hambre. —Digo, volviendo a la realidad.
— Y yo también. —Volví a tierra, no sin notar antes de que Julia había estado viendo la ropa y se había bañado otra vez y ahora estaba desnuda.
— Dean, báñate, para vestirte. —Dijo Julia, y me pareció demasiado extraño; pero debía reconocer que yo estaba en órbita, mi cabeza estaba en otro planeta y no iba a regresar, por ahora. Sin embargo, siento esa clase de sensación de alivio, cuando piensas en el baño; así que me fui directo a la regadera. El baño tuvo su efecto, comenzó a devolverme cierta calma. Salí de la regadera y julia se estaba maquillando. Estaba en ropa interior, algo muy delicado y sexy, que identifiqué como de Victoria´s secrets. Sentí la fragancia de Karen en el ambiente. Julia me abraza por la espalda y me da un beso justo en mi pulmón izquierdo, en la cicatriz que dejó aquella M-16 que casi me mata, un año después de la muerte de… mi esposa. Hoy era el día su muerte.
Cuando Julia observa que voy a buscar mi ropa, me suelta, me deja y como si me hubiera rescatado del agua, como si me hubiera estado ahogando.
— Lo siento, Julia, es que estaba pensando en mi esposa. —Esto mejor que decir una mentira.
— Nunca uno se recupera de esas cosas, ¿verdad? Lo sé. ¿Cuál es el problema? Es difícil hacerlo. Ustedes me enseñaron que siempre hay que seguir adelante. Y creo que no se equivocan. —Me lo dijo con la convicción de alguien que no sólo cree en eso, sino que lo ha vivido. Sabe que es verdad. Ella me sorprende
— Escúchame, niña. Buscas evadir la respuesta, pues en el fondo sabes que no puedes. Soy débil y soy fuerte como cualquier hombre, sobre todo cuando decides un camino que la mayoría no escoge; es más, ya el hecho de escoger, te separa del resto; porque todos se ven arrastrados, nunca deciden nada, no quieren decir. Pero te aseguro que nadie, ni nada puede derrotarme porque estoy hecho de otra cosa, ¿y sabes por qué? Porque yo mismo he escogido los materiales. Sí, después de todo, me he dado cuenta de que he estado un poco errático, pero la verdad, es que yo puedo con lo que sea. — Dije de manera resuelta. La interrumpí con firmeza, decidido a terminar este asunto. Además, quería ir a comer.
Y Dean me veía con sus ojos hinchados y furiosos. No tuve fuerza para contradecirlo y no deseaba hacerlo y además, se hacía tarde.
— Bueno…vamos a comer. —Dije, como para cerrar todo este capítulo y además, creo que el pobre se está muriendo de hambre. Esas galletas despertaron muchas cosas, incluyendo el hambre.
— Hay cosas de las que no pienso olvidarme. Eso la incluye a ella, ¿Ok? —Dice Dean lapidariamente y el silencio de los pasillos de los hoteles es el punto final de toda esta parte de la historia.
Cuando me di cuenta, el ascensor se había detenido en el quinto piso y se montaron unas damas de compañía que estaban demasiado buenas; aunque su ropa dejaba mucho que desear. Julia está viendo a las perras que se montaron.
El tema fue olvidado y lo único que ocupa mi mente es tener el gusto despierto a captar la primera exquisitez que se asome en el menú. Julia las mira, mostrando un indiscreto gesto de desagrado hacia ellas. Noto que las tipas nos ven y se susurran vainas y me ven y se sonríen y Julia se cuelga de mi y me dice al oído:
— ¿Sabes? Ni se te ocurra cogerte a putas como éstas o más nunca tiro contigo. Te lo advierto. —Me dijo, con una sonrisa y suena el timbre que indica que llegamos al lobby. Salimos y las perras sacan sus celulares, que por cierto, son de los caros, aunque sospecho, que son pre pagados.
— Apuesto a que si hubieras tenido oportunidad, te habrías cuadrado a las putas esas. —Me dice Julia, medio en broma, medio en serio. Quizás se sentía insegura. — Bueno, sí, les habría pagado y ya les estaría reventado el culo. —Julia se molesta y me da un golpe con la mano abierta en el brazo:
— ¡Chico, no seas tan cerdo! —Y la cosa es que a ella le chocan estas vainas, aunque ella comparte la idiosincrasia y yo sólo me divierto con eso.
La tarde caía, ya estábamos por entrar al café del museo, cuando llegó uno de los trabajadores y nos identificaron (claro, los conocemos) y nos dicen que van a darnos nuestros pases (y Julia coge mínimo, al igual que yo, pues en el interior de nuestras conciencias sabemos que, en el fondo, iremos al encuentro con Blancanieves) pero no hay problema y luego, podemos entrar al café, donde me siento en la primera mesa que encuentro, noto que está medio lleno, a pesar de que la mitad del museo está cerrado, hasta que comience la carnicería.
Pido unos calamares rebosados, ensalada césar y una botella de buen vino francés: “Si es gascón, mejor.” Añado, con espíritu estirado. Julia se pasó de vasta: se comió una ensalada césar con pollo, luego fue contra una crema de champignones, un filet de mignon con papas fritas, un crepès flambleé y dos tazas de café, marrón. Lo mío era un plato grande, pero lo de Julia fue un acto gula total. De postré me comí dos marquesas, que estaban demasiado buenas. Terminamos de comer y aquella cuestión llegó a nuestros estómagos como si se tratara de la llegada de la cruz roja internacional.
Llegó la hora y una especie de nervios me azotaron. Me pasa lo mismo, tanto en una exposición de arte o presentación; tanto como si me lanzara en paracaídas o estuviera espiando en Irán.
Voy a buscar a Karen. Le dije a Julia, como si le estuviera diciendo que YO solo la buscaría y ELLA no debía venir. Se distrajo con unas personas que llegaron y se puso hablar con ellos. Mejor. Comienzo a caminar y saco una libreta, donde me dispongo a anotar todos aquellos pensamientos que me vengan estando aquí. Era hora de anotar las cosas, de recordarlas.
— Que yo recuerde, tú no eres periodista. —Me dijo Karen y no sabía dónde estaba, hasta que ella se mostró, estaba vestida tan sexy, tan libre, tan desafiante y con sus ardientes ojos, que capturan mi atención y de inmediato me le acerco. — Supongo que la quieres ver. —Asentí con mi cabeza, sin emoción, viéndola a los ojos. Se hizo a un lado y avancé a dónde estaba la entrada y una cortina púrpura, me topo con una enorme fotografía de Mapplethorpe, sentí un tormentoso silencio entre Karen y yo.
— No debes preocuparte, todavía nadie sabe nada. Además, si se enteran, hasta te darán una medalla: delataste a los terroristas y es más, los eliminaste. Créeme, este país es tu refugio. —Al fin pude materializar lo que quería decir, en parte, porque me había tranquilizado ante el riesgo que corría con este asunto.
— ¿Tú estás enamorada de Julia?